Entrevista

Las reflexiones de un pastor evangélico

12 enero, 2018 | 10:55 am

“En el país se observa tristeza y desesperación”

 

La situación es terrible, según el pastor Samuel Olson

 

Cómo salir de la crisis

 

Cómo ven desde su iglesia las propuestas de diálogo

 

 

Oliver Parra

 

 

Le pregunta Carlos Croes al pastor evangélico Samuel Olson, cómo ve la situación del país. Y él responde:

-Uno ve la tristeza en la vida de la gente. Muchos andan desesperados. Sin embargo, este es el mes de diciembre, que conmemora una realidad y quisiera dirigirme a esa verdad. Quiero pensar en dos relatos bíblicos, si me lo permite. Hay un Abraham, que se le invitó y se le pidió que sacrificara a su hijo y comenzó la larga travesía a la montaña, en obediencia, pero con una fe absoluta de que Dios estaba con él. Puso a su hijo sobre el altar, y en ese momento intervino Dios y le dijo, “ya”. Le quería probar, y ese, que ha sido probado, bajó feliz. Mucha gente de nuestra nación ha tenido que sacrificar mucho, pero no es el tiempo de dejar de esperar, que de alguna manera Dios participa en nuestra historia. La Navidad es la intervención de Dios con el hijo, Jesús, quien vino a ser el salvador; el Dios con nosotros. Y esa realidad la tenemos que tener muy pendiente. Aun en estos momentos de las mayores dificultades que hemos vivido en nuestra historia presente, no debemos desanimarnos, ni rendirnos. Sus pérdidas, sus sacrificios aún los de su familia o de sus hijos, no son un sacrificio en vano. La historia le devolverá con creces al país la bendición de Dios, porque Dios está presente. Yo lo veo a diario, en mi relación con los que asisten y son partes de la feligresía; cómo Dios hace milagros, cómo Dios provee los alimentos; cómo Dios provee medicinas de distintas maneras. Ojalá que se pudiese dar ese recurso para el país, que pudiéramos dar los alimentos y tenerlos. Ojalá que se facilitasen las medicinas, para atender a la gente que no las tiene. Estamos viviendo, sí, un momento difícil, pero no de desesperación, porque Dios está presente y yo lo veo cuando me traen una caja de medicinas para la gente que no la tiene. Lo veo cuando la gente viene con alimentos para el otro, y que podemos darle a otros lo que no tienen. Yo entiendo que las soluciones tienen que ser macras y hay soluciones políticas que se tienen que dar, y la manifestación de líderes que puedan apuntar con esperanza, hacia una Venezuela reconstruida. Pero en este momento, lo que vale es que lo que yo hago como individuo; como persona en pro, porque yo no puedo decir “no hay esperanza”. No, no. Sí hay esperanza, en lo que yo hago con alguien. El salmista David dijo así: “en Dios reposa mi alma, de él viene mi esperanza; él es mi roca y mi salvación; es mi refugio, no resbalaré”. Pueblos, esperen en él todo el tiempo, Dios es el poder y tuya, Señor, es la misericordia, pues pagas a cada uno conforme a su obra. Tenemos la mirada puesta en nuestra realidad al lado, cuando viene el necesitado. En estos días me mandaron un mensaje de texto: “Pastor, se me rompió el termo con el que yo vendo café para sobrevivir. ¿Podría usted ayudarme con un termo?”. La esperanza de la persona está en poder vender un poquito de café, para tener algo para sus hijos. Eso es un nivel, y queremos hacerlo y necesitamos hacerlo; es nuestro deber hacerlo. Darle a ese nivel, la esperanza, a la persona que vive allí.

 

-¿Qué esperanza tiene un joven que está en la calle buscando, hurgando en la basura?

-Bueno, la esperanza está en lo que yo puedo hacer por esa persona; en que yo pueda retribuir, buscar y tratar de ayudarle.

 

-¿Eso está ocurriendo en el país?

-Es terrible, es una desgracia lo que está ocurriendo, pero yo necesito hacer lo que yo puedo hacer.

 

-¿Hay el pastor expedito que está presto a cooperar con todos los que viven esa tragedia?

-Bueno, tenemos que hacer lo que nos toca hacer en nuestro contexto, y al otro le toca hacer lo que…

 

-Vamos a hablar de los pastores políticos, por lo menos. ¿Están preparados para asumir esa responsabilidad?

-Bueno, uno pensaría que si los factores decisivos están allá, o van a República Dominicana para dialogar, que por lo menos abran el camino para que haya alimentos, para que haya medicinas, porque la necesidad es grande y no hay recursos de todo, pero buscamos recursos.

 

-Te pregunto, desde tu análisis de la Iglesia Evangélica, ¿cuáles son las prioridades a las cuales debemos enfrentar los venezolanos todos, incluyendo al gobierno e incluyendo a la oposición?

-La primera como pastor, que es atender la necesidad del individuo y decirle, ‘no se terminó tu vida, nosotros estamos contigo, porque Dios está presente. Dios ayuda, y Dios viene a socorrerte en el momento de tu necesidad’. Esa es la prioridad número uno, ahora, si quiero ir más allá, acerca de lo político, bueno, uno diría yo esperaría que se ampliara el abanico para que hubiesen oportunidades.

 

-¿Cómo ves tú, desde tú análisis -y lo pregunto porque sé que usted es un señor sensato-, esta perversión de valores que nos lleva a casos como el escándalo este, de PDVSA? ¿Qué pasó ahí, a tu juicio? Llegó el diablo, PDVSA no llevó la esperanza, ¿qué pasó?

-Bueno, hay un permiso que se dio y que no se cumplió, porque la nación ha estado muy clara; ha interpretado lo que ha ocurrido y eso no viene de una sorpresa, desde ahora. No estoy hablando del señor Ramírez, estoy hablando de que la corrupción ha permeado la estructura social de Venezuela y es tiempo, de que se tomen cartas en el asunto y que haya un cambio, y una transformación ante la situación terrible que vive nuestra nación.

 

-Bueno, ¿qué otra cosa le preocupa a usted?, ya como evangélico, como venezolano.

-¿Qué me preocupa? Bueno, nosotros andamos todos con la necesidad de sentir de que haya un futuro. Cientos y cientos, aún de mi congregación han salido a distintas partes para buscar un futuro, porque no la haya aquí. Mi chofer se fue al Perú, porque él y su esposa están mirando el futuro de su hijo. El otro, encontró trabajo en Argentina y necesitaba ver el futuro. ¿Cuál es la necesidad? Que pueda haber de nuevo una esperanza para la gente, para que no tengan que salir del país, sino que se pueda reconstruir nuestra nación y que nuestra nación pueda servir por todo el espectro social y económico, de la nación al venezolano, y que esta vuelva a ser una nación promisoria, de esperanza.

 

-¿En su congregación ha pasado mucho esto? ¿Se repite el caso de gente que se va?

-Bueno, solamente este año se han ido 400 personas a los Estados Unidos, a Europa, a la América del Sur. Se han fracturado las familias; las familias solas aquí y los hijos allá y buscando una posibilidad para que pueda sobrevivir su familia aquí y para que puedan estudiar allá. Sí, es muy fuerte, es muy difícil, pero nosotros estamos allí porque somos una señal de esperanza y de posibilidades para el futuro. ¿Por qué? Porque Dios está en esto, y yo creo que el Señor ha llamado a nuestro país a una profunda reflexión acerca de la estructura moral, ética, social y espiritual de esta nación. Todos están preguntando, qué está pasando y todo el mundo, desde el más sencillo hasta la persona más compleja, tiene que hacerse un análisis no solamente de lo político y de lo social, sino de lo espiritual y lo moral, porque allí se fundamenta una nación; en los pilares éticos, los pilares morales, para que se pueda volver a reconstruir una nación que tanto pudo dar y tanto puede dar en el futuro.

 

-Ahora, ¿en estos años el Movimiento Evangélico ha crecido en Venezuela?

-Sí. El Movimiento Evangélico sí ha crecido en Venezuela. Cuenta como el 20% de la población nacional.

 

-Ya, ¿cuánto ha crecido, 20%?

-No, ha crecido en estos años como estaba hace unos diez años, 15 años, en el 11% de la población. Hay un mínimo del 20% en la población que es cristiana-evangélica en nuestra nación. Y gente comprometida en fe y creen que Dios está presente.

 

-¿Cómo vive un evangélico como usted?

-¿Qué quiere decir eso?

 

-Con muchos recursos, con pocos recursos, ¿cómo se mantienen?

-Mire, yo no vivo de ningún recurso exterior, número uno. Porque algunos dicen, ‘no, ese tinte de blanco y ojos azules, tendrá que tener algún recurso de afuera’. No, no es así.

 

-¿Nada?

-La Congregación decide lo que puede darnos, de eso vivo yo. Y yo no pido.