Quinto Día Online
13 de Diciembre del 2017

Una opinión, Cinco temas

Las garantías de Maduro

Las garantías de Maduro

Fernando Luis Egaña

flegana@gmail.com

 

 

La más reciente estratagema del señor Maduro para evitar la realización de unas elecciones presidenciales, ordenadas por la Constitución para el próximo año, es que solo podría haberlas si hubiera “garantías económicas”, esto es que la comunidad financiera internacional le preste los billones que necesita para refinanciar la deuda y, desde luego, continuar con la depredación de Venezuela. Y encima, le ha pedido a la oposición que se reúne en la MUD, que sea la encargada de lograr las referidas “garantías económicas”.

 

Otra burla más a los derechos democráticos de los venezolanos, que de vapuleados, han sido derruidos. Por otra parte, el concepto de garantía no puede asociarse con la hegemonía roja en términos positivos. Para que haya garantías aseguradas, hace falta que hayan instituciones, y para que haya instituciones, no puede haber una hegemonía despótica. Así de simple.

 

 

 

 

Una secta…

La cúpula del oficialismo no conforma un partido político, ni siquiera uno de integración “cívico-militar”, como reza la manoseada consigna. Es otra cosa. Es como una tribu que sincretiza la idolatría al predecesor, con la retórica paleo-marxista, con una corrupción avasallante, y con un supremacismo de poder, que no tiene nada que envidiar al fascismo y comunismo destilados; es decir, en sus expresiones más despóticas, y todo ello envuelto en un ropaje de pseudohistoria vernácula, donde el indigenismo se hermana con el procerato militar de la Independencia, y diversos trazos de un imaginario retrógrado.

 

Es una secta siniestra la que desgobierna y destruye a Venezuela. Cuando se compara lo que debería ser una corporación petrolera –PDVSA—, a “un templo sagrado del pueblo”, se hace alarde de la naturaleza, repito, siniestra, de la secta oficialista. El PSUV y sus sucedáneos, no son más que fachadas más o menos acartonadas de la funesta secta.

 

 

 

 

PDVSA y los militares

El que un militar haya sido nombrado presidente de PDVSA, no significa que ahora los militares le pusieron las manos a PDVSA. De hecho, esta ya había tenido dos presidentes militares, sin que tal cosa ocurriera. El fundador, general Rafael Alfonzo Ravard y dos décadas después, el general Guaicaipuro Lameda. Los militares, eso sí, le pusieron las manos a PDVSA en el 2003, después del paro petrolero. La razzia en contra de su personal más calificado fue compensada, en gran medida, con efectivos militares. La vasta operación fue llevada a cabo por un exministro de la Defensa, llevado a la directiva de PDVSA y encargado de lo relativo al personal.

 

Total, el verdadero jefe de PDVSA, operativamente hablando, desde el 2003 en adelante, fue el señor Chávez. Y los auxiliares, fueron sus subordinados de uniforme. Nada de lo cual, por cierto, disminuye la responsabilidad de Ramírez y su entorno en la destrucción de PDVSA. No es ahora, sino hace más de 14 años, cuando los militares le pusieron las manos a PDVSA.

 

 

 

 

Venezuela potencia…

No hay carne, ni pollo. Casi no hay medicinas. Hay cerca de 30 mil homicidios al año; acaso la cifra más alta del mundo en proporción al número de habitantes. Hay hiperinflación. El sueldo mínimo más bajo del planeta. Una deuda externa tan colosal, como impagable. De gran país exportador de petróleo, ahora somos grandes importadores de gasolina.

 

La economía en ruinas. La política en ruindad. La abrumadora mayoría del pueblo venezolano en penuria. Y una boliplutocracia que rompe récords mundiales en corrupción. ¿Venezuela potencia? ¿Pero de qué?

 

 

 

 

Populismo europeo

No estoy seguro que el concepto de “populismo”, sea de izquierda o de derecha, abarque el fenómeno de los radicalismos políticos, sean de izquierda o derecha, que florecen en Europa a costa del centrismo ideológico que ha sido predominante en las últimas décadas. El Estado de Bienestar, pieza central del centrismo, ya no es viable. Tanto por razones demográficas, como por los efectos de la tecnología en la disminución del empleo. Y el deterioro del Estado de Bienestar fomenta los extremismos que culpan al poder centrista de tal realidad.

 

No les falta razón, por una parte, ya que la posposición de reformas ha agravado la situación. Pero los extremismos, que son elocuentes en la crítica (sobre todo a la inmigración), son casi silenciosos en la presentación de fórmulas alternativas y factibles. Los frutos del populismo tienen raíces profundas. Si estas permanecen, el populismo seguirá acrecentando su negativa influencia.