Una opinión, Cinco temas

Las bolsas Clap de la boliplutocracia

22 diciembre, 2017 | 12:00 am

Fernando Luis Egaña

flegana@gmail.com

 

 

A una parte del pueblo pobre le venden unas bolsas con algo de harina de maíz, un poquito de arroz, a veces aceite, y otros –no muchos– productos básicos, que son inaccesibles por causa de la hiperinflación y la escasez. Es lo que la hegemonía llama bolsas Clap, que de paso son un negocio redondo para los importadores rojos, expertos en sobreprecios y negociados de todo tipo. Pero hay otro tipo de “bolsas Clap”. Las de la boliplutocracia.

 

En esas bolsas hay vinos franceses que cuestan miles de Euros la botella, las exquisiteces culinarias más caras del mundo, relojes de oro y de brillantes marcas, y así por el estilo. Y conste que se trata de una fracción del gasto suntuario de los boliplutócratas, que dejan pálidos a los capos de la mafia rusa. El diario El País de Madrid está reportando esa realidad con gran rigor periodístico.

 

 

 

 

Negociación y acuerdo

En relación con el “diálogo dominicano”, hay que reiterar, por enésima vez, que para el oficialismo lo importante no son los acuerdos que se pudiesen alcanzar (que de todos modos nunca han estado dispuestos a cumplir). No. Lo importante es la negociación como tal. Las fotos de una mesa en la que supuestamente dialogan con la oposición. Eso es lo que les interesa. Y lo tienen. Y lo seguirán teniendo, mientras prosigan los capítulos del “diálogo dominicano”.

 

La contraparte del oficialismo declara que lo que buscan son los acuerdos que permitan restablecer la democracia a través de elecciones transparentes… Eso no es posible con la hegemonía que representa Maduro. Sólo podrá restablecerse una democracia con elecciones limpias, libres y justas, cuando la hegemonía sea superada. Mientras tanto, si sigue la farsa de este “diálogo”, el poder establecido en Venezuela continuará sacándole provecho.

 

 

 

 

Maduro vs Ramírez

La pelea es implacable. Maduro dice horrores de Ramírez y éste le replica con horrores similares. Probablemente tengan razón los dos. Y no se trata de la única litis trabada en el seno del oficialismo, pero sí, por los momentos, la más notoria, pública y comunicacional. Otros incordios han sido manejados con disimulo, pero éste ya desbordó los cauces típicos de las procesiones que van por dentro. La información que Maduro –y sus patronos cubanos, deben tener sobre Ramírez seguramente será exhaustiva.

 

Y los expedientes de Ramírez sobre Maduro y los suyos deben estar bien documentados. Después de todo, no estamos ante una pelea inesperada. Se veía venir desde hace tiempo y las actuaciones de la Fiscalía apuntaban en esa dirección.

 

 

 

 

Lo que viene en el 2018

¿Será el 2018 un año decisivo para realizar o comenzar a realizar las aspiraciones de cambio de la inmensa mayoría de los venezolanos? No lo sabemos. Pero lo que sí sabemos, es que en lo económico-social el 2018 será más arduo que el 2017, especialmente para el grueso del pueblo venezolano.

 

Al tiempo que la economía se dolariza a las patadas, el ingreso salarial se mantiene en unos bolívares cada vez con menor capacidad de compra. Esto no es socialismo sino explotación brutal. Y los explotadores principales son conocidos por ser los protagonistas políticos de la propaganda oficial.

 

 

 

 

Elecciones chilenas

Tres cosas deben destacarse de los resultados de la segunda vuelta de las elecciones chilenas. Lo primero, desde luego, es que ponen fin al segundo período de Michelle Bachelet, cuya radicalidad cultural de estos años, hizo olvidar sus éxitos de la primera presidencia. Lo segundo, es que Sebastián Piñera se consolida como el líder indiscutible del centro hacia la derecha. El problema con ello es el personalismo de Piñera. No es un hombre de colectivos partidistas ni acostumbrado a deliberar en la toma de sus decisiones. Eso es peligroso para el futuro de esa amplia parcialidad político-ideológica de Chile. La mayoritaria.

 

Lo tercero es el ascenso de Alejandro Guillier como la figura principal de la izquierda democrática. Sobre los escombros de la otrora “Concertación”, se levantó Guillier, quien sorprendió a propios y extraños con su dinámica campaña. ¿Se profundizará la polarización política chilena, que con tanto cuidado trató de evitarse hasta el segundo mandato de M. Bachelet? Es probable que sí. Pero Chile sigue avanzando y su impulso tiene mucha fuerza.

 

 

 

 

 

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