Una opinión, Cinco temas

La suerte de Nicaragua

27 abril, 2018 | 12:00 am

No es de las buenas, sin duda. La satrapía dinástica de la familia Somoza exprimió al país hasta dejarlo reseco. La última de sus tropelías fue aprovecharse de los recursos externos para ayudar a la sufriente nación, en ocasión del terremoto de 1972. Pasaron los años, triunfó la llamada “revolución sandinista”, y al poco tiempo comenzó e entronizarse otra dinastía, no menos depredadora. La encabezada por Daniel Ortega.

Ortega llegó al poder por vez primera en 1979. Salió por los votos, en medio de una presión internacional de marca mayor, en 1990. Regresó por la vía electoral, ya trucada con la manipulación de la segunda vuelta, en el 2007, y desde entonces ha hecho y deshecho para consolidar su control del país, al alimón con su esposa-vicepresidenta, Rosario Murillo. Una gran porción de los nicas está harta y agobiada de tanto desafuero y lo demuestra heroicamente. ¡Que la suerte de Nicaragua cambie para bien!

Ladran pero no muerden

¿Qué resbalosos han sido y son muchos gobernantes de la región con la tragedia venezolana? En el fondo, todos siempre supieron que esto era una tragedia. Unos se hicieron los locos, a ver qué recursos le podían sacar al dadivoso Chávez. Otros se presentaban como sus aliados incondicionales, pero en realidad se dedicaban a negociar, turbiamente, con la hegemonía. Y otros se mostraban críticos, pero de allí casi ninguno pasaba. Parole, parole, parole, como decía una muy antigua canción…

Sí, la situación ha variado con Maduro. El contexto regional le es desfavorable. El socialista uruguayo, Luis Almagro, secretario general de la OEA se ha convertido en un campeón de la causa democrática de Venezuela. Pero muchos de los gobernantes que hoy no paran de criticar a Maduro, no quieren ir más allá. Pueden pero no quieren.

La táctica del descalabro

Los supuestos “expertos en mercadotecnia política” que son tan afanosos en las declaraciones públicas, por lo general tienen una visión de muy corto plazo; se presentan como asesores en estrategia, cuando en realidad no pasan de media-táctica, y si acaso. Ni hablar por tanto de los contextos generales o de las perspectivas amplias. Se burlan de ello.

Por eso casi nunca aciertan, y han terminado por evaluar la realidad con base a tres escenarios: uno favorable, uno desfavorable, otro neutro. Charlatanería pura, más o menos pulida por ciertos medios y comunicadores, que no se les quedan atrás. Tal proceder sólo conduce a un destino: el descalabro. ¿O no?

Miguel Díaz-Canel

Ya el general Raúl Castro Ruz le dejó la presidencia a Miguel Díaz-Canel, un burócrata nacido y “formado” durante la “revolución cubana”. Y Maduro no perdió tiempo para irlo a visitar en La Habana. ¿Pero el general Castro dejó el poder? No parece porque se queda como primer secretario del partido, es decir como jefe del partido. Y en Cuba el Estado depende del Partido Comunista, que a su vez depende de la familia Castro. Cierto que Díaz-Canel pertenece a una nueva generación, pero no creo que se justifiquen demasiadas expectativas con la referida sucesión presidencial.

Y quién sabe, a lo mejor hay sorpresas en el porvenir. He tenido ocasión de escuchar alguna que otra intervención de Díaz-Canel, y no me ha impresionado para nada. Quizá con el paso de algún tiempo, demuestre condiciones de liderazgo que puedan ayudar a los cambios que la nación cubana necesita. Quizá…

Comunistas y conservadores

Mao le dijo a Nixon en su casa de Beijing, que prefería a los Republicanos en vez de los Demócratas, que prefería a los Conservadores ingleses en vez de los Laboristas, y que en política francesa, prefería a los Gaullistas. No entró en muchos detalles al respecto, pero uno imagina que le inquietaba la volatilidad de los liberales, o los socialistas en materia de política internacional. Cambiando todo lo cambiable, otro tanto parecería estar aconteciendo entre Kim Jong-un y Donald Trump.

Durante los años de Obama, Corea del Norte hizo lo que le dio la gana y avanzó mucho en su programa nuclear con fines militares. Washington se desentendió del asunto y el extremo Oriente se hizo más inseguro, sobre todo en relación con Japón. Las cosas pueden estar cambiando con el actual inquilino de la Casa Blanca. Digo “pueden” porque hay que tener cautela en la consideración de todo lo que provenga de Corea del Norte, una dictadura totalitaria que sólo entiende el lenguaje de la fuerza.