Una opinión, Cinco temas

La peor hiperinflación

27 julio, 2018 | 12:00 am

No hay hiperinflaciones buenas y malas. Todas son malas. Pero hay unas que son peores que otras. La de Venezuela, la única hiperinflación del mundo presente, es la peor en términos históricos. Primero porque no hay información oficial al respecto. Hace años que el Banco Central de Venezuela no suministra información sobre la tasa de inflación, entre otras materias de las que debe informar conforme a la ley y la constitución. La nuestra es una hiperinflación en tinieblas. Lo que la hace aún más descontrolada y dañina.

Segundo, es una hiperinflación con un hundimiento abismal de la economía, con escasez rampante, con la inseguridad soberana y en medio de una catástrofe humanitaria que es, a la vez, causa y efecto de la hiperinflación. No estoy seguro si los informes técnicos de los organismos especializados, tipo FMI, pueden expresar la intensidad del drama de la hiperinflación madurista. La peor del mundo…

¿Una nación de terroristas?
Daniel Ortega alega que sus opositores en Nicaragua son “terroristas”. Por cierto un alegato que también lo plantean los jerarcas de la hegemonía roja en Venezuela. Entonces debe ser que la abrumadora mayoría de los nicas son terroristas, porque son opositores decididos de la dupla Daniel Ortega y Rosario Murillo de Ortega, que hacen y deshacen a su antojo. El absurdo es tan notorio que ni falta hace comentarlo mucho. Comenzando por el Cardenal Leopoldo Brenes y el episcopado nicaragüense, que han tratado y tratan de encontrarle una salida política a la mega crisis de ese país de América Central.

La mega crisis la encarna Ortega y su cónyuge-vicepresidenta, que se quieren perpetuar en el poder al estilo castrista y madurista. Pero los nicas, que tienen una bien ganada reputación de combativos, no están de acuerdo y lo están demostrando. Los esbirros de Ortega llevan más de trescientos muertos encima, y contando… Pues no. Nicaragua no es una nación de terroristas. En una sufrida nación que padeció la satrapía somocista y luego —y ahora — la sandinista.

Carretillas de chivos
Es tan catastrófica la crisis del transporte en Venezuela, que en pleno siglo XXI han reaparecido las carretas jaladas por animales como medio de transportación. Pero no son carretas de caballos al estilo del Lejano Oeste, sino carretillas de burros y hasta de chivos. Y estas últimas no sólo en Coro sino en muchas otras partes. Así que además de las “perreras” también tenemos las carretillas.

Supuestamente deberíamos estar viviendo en la prometida “década de oro de la Venezuela Potencia”. Pero la realidad es exactamente lo contrario. Y no me atrevo a llamarlo por su nombre, en razón del respeto debido a los lectores. Pero nos imaginamos de qué es esta década… Mientras la tecnología del transporte obra maravillas en medio mundo, incluyendo a muchos países de América Latina, nuestro país retrocede siglos a las carretillas de chivos. ¿Por qué será que ello indigna, pero no sorprende?

La soledad de Andrés Velásquez
El llamado de Andrés Velásquez a un paro nacional no ha tenido eco en la mayoría de los círculos de la oposición política. Y no creo que lo vaya a tener. De muchas maneras, ese paro ya se viene produciendo por la fuerza de los hechos. No como una estrategia decidida desde arriba y apoyada en la base social y económica, sino como una consecuencia de la catástrofe humanitaria que padece el país. Es de tal alcance, que para mucha gente es preferible no ir a sus puestos de trabajo (en el caso que los mantengan), porque sale más costoso trabajar que no hacerlo.
Semejante distorsión del funcionamiento elemental de una sociedad y de su economía, es la causa de esa especie de paro espontáneo y comprensible que ya se siente en todas partes de la nación. Andrés Velásquez está solo en relación con la mayoría de los demás voceros de la oposición política, pero no lo está respecto a la realidad cotidiana de los venezolanos.

La suerte de Trump
Nunca creí, ni creo ahora, que Donald Trump esté a la altura de las responsabilidades que implica despachar en la Oficina Oval de la Casa Blanca. Pero tiene buena estrella en relación con sus principales adversarios del partido Demócrata: tienen menos altura que él, lo cual ya es mucho decir. Los Demócratas están en medio de un caos que no parece tener cauce. Con decir que Hillary Clinton asoma que podría buscar de nuevo la candidatura, y el vicepresidente de Obama, Joe Biden, también.

El partido Demócrata se ha ido deslizando hacia posiciones más extremas en el arco ideológico —derecha e izquierda— de los Estados Unidos. Y aunque algunos de sus voceros sean personajes de peso, esas posturas ideológicas favorecen a Trump, quien, sin perder tiempo, trata de aprovechar la situación para reivindicarse como el representante del centro político. Esa es una suerte para Trump.