Una opinión, Cinco temas

La mera mitad del medio

13 julio, 2018 | 12:00 am

Es lógico que los economistas piensen que el principal desafío venezolano es económico, y que los luchadores sociales piensen lo mismo del temario social, y los expertos petroleros le den esa categoría al petróleo, y así hasta que se haga inagotable la discusión. No sé si esté equivocado, pero pienso que el desafío principal es político porque tiene que ver con la esencia de la política que es el poder. Y eso, traducido a nuestra realidad, está imbricado con la concepción y desempeño de las Fuerzas Armadas.

Desafío principal, naturalmente, no significa único. Al contrario, el repertorio de desafíos monumentales para tratar de que Venezuela no se siga hundiendo, pareciera no tener límite. Pero lo más importante es lo primario, lo que debe suscitar la atención primordial. Y eso es un tema esencialmente político.

¿Y quién podrá defendernos?
La implosión oficial de la MUD, el congelamiento del “Frente Amplio”, la llamada “nueva oposición” —que ni es nueva ni es oposición—, tienen que hacer reflexionar a los factores políticos que se oponen a la hegemonía, sobre un aspecto especial: estos son tiempos muy adversos para la causa democrática de Venezuela, por la cual estos factores tienen el deber de luchar. Y no es acertado esperar que una “solución” viniera sólo por la vía de la presión externa. Ello es importante, en tanto y en cuanto se combine con una debida e intensa presión interna.

Estos tiempos se parecen a los del cese de la Coordinadora, de los que pocos, lamentablemente, se acuerdan, para no seguir repitiendo los mismos errores, tanto en el campo de los conceptos, como en el de la estrategia de lucha. ¿Y quién podrá defendernos?, se decía en un conocido programa de televisión. Una pregunta que exige una apremiante respuesta.

¿El peor gobierno del mundo?
No, el que prevalece en Venezuela no es el peor gobierno del mundo, por la sencilla razón de que no es un gobierno. En nuestro país no hay gobierno, propiamente dicho, sino un régimen cartelizado de poder en el que varios sectores acuerdan depredar todas y cada una de las fuentes de recursos de la nación. Eso no es un gobierno, ni siquiera uno pésimo, ni siquiera el peor del mundo. Es otra cosa. Y una siniestra.

Muchos que padecen esta realidad no la reconocen. Unos porque no pueden y otros porque no quieren. Pero esa falta de reconocimiento no cambia la realidad. La agrava. Lo que pasa es que algunos se comportan como si en efecto en Venezuela hubiera un gobierno. Incluso lo llaman así: el gobierno venezolano. Craso error. Continuado error. Y no se debe seguir incurriendo en él.

La burla de Unasur
Siempre tuvo un aspecto tragi-cómico. La idea formal de Unasur, nada original por cierto, no es equivocada. Pero su “implementación” estuvo dirigida a defender a la hegemonía roja imperante en Venezuela —que fue la que puso la mayor parte del dinero—, y a sus gobiernos aliados. Por lo tanto, desde el principio Unasur careció de autoridad verdadera. Además, la guinda de la torta fue el nombramiento del ex-presidente colombiano, Ernesto Samper, como secretario general de ese organismo. Las costuras no podían disimularse.

Y ahora, hasta el gobierno de Ecuador, país sede de Unasur, está pidiendo que le devuelvan el edificio para destinarlo a una finalidad útil. Es lo razonable. Todo ese tinglado de siglas que se concibió en Caracas y La Habana: Unasur, Alba, Celac, etcétera, fue una estrategia política para darle sustento al predecesor. Y ello continuó con el sucesor, sólo que con mucho menos vitalidad, o proyección de propaganda. Lo de Unasur siempre fue una burla.

El cardenal Urosa
El Papa Francisco aceptó la renuncia del Arzobispo de Caracas, Jorge cardenal Urosa, por razones de edad, como suele ocurrir, y nombró como administrador apostólico al otro cardenal venezolano, el arzobispo de Mérida, Baltazar Porras. Me parece una medida prudente y espero que contribuya al importante papel que le corresponde a la Iglesia nacional en la extremadamente difícil situación que agobia el país.

El cardenal Urosa es un prelado sereno y firme, concentrado en el cumplimiento de sus responsabilidades, y atento a la dimensión social de su ministerio como sacerdote y obispo. El papa Francisco conoce la realidad venezolana, aunque a veces algunos de sus colaboradores den una impresión contraria. La palabra y el consejo del cardenal Urosa seguirán siendo muy importantes.