Una opinión, Cinco temas

La hegemonía y la emigración

6 julio, 2018 | 12:00 am

Algunos se preguntan si la hegemonía está a favor o en contra de la masiva emigración que sale de Venezuela. Se trata de una interrogante absurda porque es obvio que están de acuerdo. Es más, desde el poder hacen todo lo que pueden para que la emigración aumente. Por una parte, mientras menos gente, menos demanda y menos consumo. Y si además los que se van, envían churupos en divisas, ello tiene algún impacto económico, y encima los jerarcas se pueden embolsillar una parte de esas divisas.

En principio, una porción sustancial de la emigración es políticamente contraria a la hegemonía. Y eso es una buena noticia para la hegemonía roja. Y recalco “en principio”, porque da la impresión que la emigración se está haciendo policromática. Y esto lo digo, no por los familiares de la boliplutocracia que viven en el exterior, sino por mucha gente sencilla que alguna vez se ilusionó con el “proceso”, y que ahora no encuentran ni un presente aceptable ni mucho menos un futuro digno en Venezuela.

Unas supuestas reuniones…
Algunos comentaristas señalan que empresarios afines al oficialismo se estarían reuniendo con algunos ministros, para evaluar las alternativas con miras a un levantamiento del control de cambio. Si esas reuniones se llevan a cabo, no sé. Pero de ser ese el propósito se trataría de algo estrambótico… Es imposible que la hegemonía roja levante el control de cambios, no quedaría ni un dolarcito más para depredar. Nadie le va a prestar divisas a la hegemonía roja. Nadie. Condición indispensable para siquiera pensar en eliminar el control de cambios.
Los economistas de cierta solvencia, plantean que el país necesitaría cerca de 100 mil millones de dólares, para estabilizar la moneda, las cuentas, y establecer un fundamento que permitiría iniciar un proceso de crecimiento, siquiera modesto. Eso es imposible bajo la égida de la hegemonía roja. Imposible. En las referidas reuniones, si es que se dan, el tema principal debe ser otro. Imagínese usted, amable lector, el tipo de negociados…

La guillotina de los precios
Así es la hiper-inflación, una guillotina para las personas de escasos recursos, que suelen ser la mayoría. Pero en Venezuela la hiper-inflación tiene unas características que la hacen más siniestra y más cruel. No hay, por ejemplo, información oficial al respecto. El poder no reconoce que haya hiper-inflación, sino una especulación causada por una denominada “guerra económica”. ¿Consecuencia? No hace nada para combatir la hiper-inflación, sino para estimularla, con o sin intención expresa.

La locura de las distorsiones es tan grotesca, que hacen falta diez camiones cisternas llenos de gasolina para que el valor de ese combustible sea igual al de un cafecito. Esto de la guillotina de los precios no es una metáfora. La hiper-inflación está matando a mucha gente, y sobre todo entre los más desvalidos.

Trump y Venezuela
¿Venezuela debería ser un tema importante para la política exterior de Estados Unidos? La respuesta es afirmativa. ¿Lo es en realidad? La respuesta tiende más a lo negativo. Ahora parece tener una importancia mayor que cuando Obama estaba en la Casa Blanca, lo cual no es muy difícil, porque en esos años, no hubo interés sustancial por la situación venezolana. A diferencia de otros opinantes, no observo que Venezuela figure en los primeros lugares de la agenda internacional de Trump. Y mientras sigamos perdiendo importancia energética, menos.

Pensar que Trump se convertirá en una especie de adalid de la causa democrática de Venezuela, no tiene mucha consistencia. En lo formal puede tener una posición crítica del poder establecido acá, y de hecho la tiene y la manifiesta. ¿Con qué eficacia? En realidad, poca. La presión externa es necesaria pero más lo es la interna.

AMLO: ¿Una incógnita?
Un remolino de controversias y expectativas envuelve al nuevo presidente de México. Ojalá y me equivoque, pero con López Obrador en la Silla del Águila, serán más los problemas que se creen o se agraven, que las soluciones que puedan adelantarse. El populismo ideológico y temperamental, sobre todo cuando está trajeado de nativismo o ultra-nacionalismo, siempre hace mal. Siempre. Es una regla que aún no tiene excepciones.

Por eso coloco la palabra incógnita entre signos de interrogación. Una incógnita puede salir mal, pero también puede salir bien. Y aunque López Obrador merece tiempo para que las opiniones se asienten, su retórica y buena parte de sus ejecutorias políticas no son favorables a la esperanza. La mayoría de los que votaron en México no piensan así, pero eso no significa que tengan razón.