Quinto Día Online
22 de Noviembre del 2017

Una opinión, Cinco temas

La gran deuda

La gran deuda

Fernando Luis Egaña

flegana@gmail.com

 

 

La hegemonía roja tiene una deuda colosal con Venezuela. Una deuda política, económica y social. Una deuda que no puede pagar. Una deuda que surge de haber malbaratado la oportunidad histórica del siglo XXI, fundada en la bonanza petrolera más prolongada y caudalosa de los anales. Lo que ha quedado de todo ello es la ruina económica, la catástrofe social, y de paso una deuda externa, en sentido financiero, que ya va entrando en impago o “default”. Y todo ello en el marco de un despotismo depredador.

 

¿Mayor deuda que esa? Imposible. Y es obvio que quienes acumularon esa deuda, no pueden ser los que vayan a solventarla. Eso también es imposible. Para que la gran deuda deje de aplastar a Venezuela y a los venezolanos, hay que superar a la hegemonía. No hay otra.

 

 

 

 

Muchas placas diplomáticas

Desde hace no mucho tiempo, fueron cambiadas las placas de automóviles del cuerpo diplomático. De color marrón a rojo fosforescente. Puede ser que por eso se noten más. Pero tengo la impresión de que hay más vehículos con placas de este tipo. Y bastante más que antes. Lo cual sería una rareza, porque no parece que el número de diplomáticos acreditados en el país haya aumentado, sino, en todo caso, disminuido.

 

¿Será que hay vehículos que no pertenecen a diplomáticos, que sin embargo portan placas diplomáticas? No lo podría afirmar, pero todo es posible en el reino de la opacidad. Si se han visto tantos casos de personas con pasaportes diplomáticos de Venezuela, sin tener derecho a ello, no habría sorpresa que ocurriera lo mismo con las placas.

 

 

 

 

Lujos de la boliplutocracia

Un amigo que fue hace varios años al llamado “Boat Show” de Ft. Lauderdale, en Florida, quizá la exposición de lanchas y yates más importante del mundo, me contó que varios representantes de empresas de reconocido prestigio en la náutica de lujo, le habían dicho que muchos de sus mejores (y nuevos) clientes estaban en Venezuela. Sí, en la Venezuela supuestamente socialista que, para entonces, comandaba el señor Chávez. Uno imagina que como la salsa que es buena para el pavo también lo es para la pava, lo mismo puede decirse sobre la aviación privada.

 

Flotas enteras de aviones de última generación y de costo sideral, están a la orden de la boliplutocracia. A cada rato uno oye que fulano se compró un nuevo Grumman o el más reciente Falcon, o vaya usted a saber. Lo más trágico es que no se los compraron con el fruto de un trabajo honrado, a lo que tendrían pleno derecho, sino gracias a la depredación. Lujos de la boliplutocracia…

 

 

 

 

Las cadenas aprietan

Ya no son tan largas, pero siguen siendo muy frecuentes. Son menos reality show y más burocráticas, pero son igualmente invasivas y despreciativas de la libertad de los venezolanos. No creo que cambien mucho con el cambio de ministros, encargados de las cadenas. Después de todo, la hegemonía ha tenido sopotocientos ministros de “información”, pero en general, el patrón de las cadenas ha sido el mismo.

 

El encadenamiento obsesivo es un síntoma de una patología política: el despotismo. Cuando uno cuenta cómo es la cuestión de las cadenas obligatorias de la hegemonía roja, en otros países de la región, incluyendo a países que han sido gobernados por mandatarios simpatizantes del régimen venezolano, simplemente no lo pueden creer. Pero los hechos son tercos, como decía Lenin. Y las cadenas están apretando.

 

 

 

 

El rearme del Japón

Uno imagina que un tema central, aunque no público, del cenáculo del XIX Congreso Nacional del Partido Comunista Chino, ha sido el rearme del Japón. La beligerancia de Corea del Norte es una razón (y un pretexto) para acelerar ese rearme, pero el gobierno japonés, liderado por el muy popular primer ministro, Shinzo Abe, tiene años impulsando ese proceso de expansión de la capacidad militar del Japón.

 

Para China, la memoria histórica es de vital importancia, y la ocupación japonesa que aconteció hace varias décadas, es, en términos de la perspectiva china, como si hubiese ocurrido anteayer. Los tiempos han cambiado, sin duda. China es una gran potencia económica y su potencial ahora es cuando tiene para desarrollarse. Pero Japón es una nación de tradición militar, con una disciplina sin par, y dispuesta, nuevamente, a no dejarse acosar por nadie.