Cartas del Lector

La Cruda Verdad

25 mayo, 2018 | 12:00 am

Los pueblos avanzan a medida que se hacen más honrados y a medida que mejora su educación. Los pueblos tienen los mandatarios que se merecen porque cuando hay un inepto en el poder es porque su pueblo está bien representado. Esta es una invitación para una autoevaluación privada, pero sincera. Cómo nos atrevemos a soñar con un país próspero, honesto y organizado si a cada paso nos conducimos con deshonestidad, porque el venezolano es un delincuente de los pies a la cabeza.

Muchos, amparados en la excusa de sobrevivir, robar entre otras cosas el cableado de las telefónicas, bachaquean con los alimentos, con los productos médicos y agrícolas, y lo más grave, hasta venden el dinero en efectivo. Algunos desempeñan su trabajo con mediocridad y echan carro si su jefe no los vigila.

Los comerciantes, aprovechándose de sus contactos y de la impunidad, aumentan desmesuradamente los precios, venden productos de tercera a precios de primera, pesan mal la mercancía si un cliente se descuida, revenden productos en mal estado e irrespetan los derechos de sus trabajadores. Otros estudiantes no se esmeran en ser excelentes, sino en conseguir un título mediocre y un puesto donde sea.

También existen las personas que con la excusa de conservar un empleo, se prestan para realizar acciones deshonestas, acuden a marchas obligados para apoyar el gobierno, discriminan a sus semejantes por su inclinación política, y aun muriéndose de hambre gritan eufóricos ¡así es que se gobierna!

Los policías y guardias inician su “brillante” trayectoria pidiendo “pal’ fresco”, cabe mencionar el grado de impunidad de los delitos cometidos por funcionarios, infracciones que no solo no son investigadas, sino que para rematar, al implicado le dan un mejor cargo. Funcionarios que cobran para agilizar cualquier trámite, oportunistas y enchufados que hacen lo que sea porque no quieren perder su porción de la torta, otros amparados en la excusa del miedo se mantienen al margen de todas estas acciones haciéndose con ello cómplices de la situación.

Padres que desvían su mirada cuando su hijo comete un acto reprobable, educadores que se conducen de manera indecorosa dando una imagen desvirtuada del deber ser. Tenemos los que irrespetan las normas de tránsito, los que botan la basura en la calle y los que dicen a vox populi que “Dios los ponga donde haya”. Contamos con un grupo, que son opositores porque perdieron sus privilegios o porque sus malas acciones comprometieron sus intereses personales.

La honestidad comienza con nosotros mismos, nuestras acciones deben ser cónsonas con nuestros principios, con lo que pensamos y aspiramos como país.

La necesidad y el miedo no puede ser una excusa para reproducir los actos que señalamos anteriormente, porque sería nuestro tributo para convertir a Venezuela en un auténtico desastre. No tenemos solvencia moral para aspirar a una nación decente y próspera.
Cosechamos lo que sembramos.

Algo más que se esconde detrás del carnet de la patria y ¿por qué ofrecer un bono si lo usa para votar? ¿Qué calidad de ciudadano se presta para supervisar el voto de un empleado público y del imbécil que acepta que lo supervisen?

Un ciudadano inteligente y con valores solidos no se deja influenciar por nadie ni se arrastra a recoger migajas del piso porque sabe que es comida para hoy y hambre para mañana. Si seguimos actuando así, muy pronto todos sin distinción seremos salpicados con nuestra propia mugre y nos revolcaremos en el pantano que nosotros mismos ayudamos a levantar. La responsabilidad es de todos.

Neyda Ulloa
C.I: 11.130.733
neydausm@hotmail.com