Ultrasecretos

La carta del Papa y los abusos sexuales

14 septiembre, 2018 | 12:00 am

Los abusos sexuales en Estados Unidos y Latinoamérica preocupan al Papa. El caso de Chile es uno de los más notorios y ya hay sanciones vaticanas.

Pero el Santo Padre quiere llegar más lejos. En su última orden incluye además de Chile, a México, Colombia y Venezuela.

Los obispos de estos países guardan silencio.

Hay casos muy ocultos. Pero vamos a llegar a ellos, dijo una fuente vaticana.
España es otro de los países.

La prensa mundial se está ocupando, incluido el diario El País, que acaba de publicar este dramático reportaje.
Lean este texto.

Al inicio de su pontificado, Francisco instauró una política de “tolerancia cero” contra los abusos sexuales que en los últimos años, con diversos escándalos alrededor del mundo como los de Chile y Australia, está en el punto de mira.

Combatir la pederastia se ha convertido en uno de los mayores desafíos de su papado. El Pontífice explica que se está trabajando desde diferentes frentes para poder llevar a la práctica mecanismos de prevención y condena, pero reconoce que la Iglesia se “ha demorado en aplicar estas acciones y sanciones tan necesarias”. También confía “en que ayudarán a garantizar una mayor cultura del cuidado en el presente y en el futuro”.

Francisco comienza su carta haciendo referencia al informe del Gran Jurado de Pensilvania pero abarca el problema a nivel mundial, dada “la magnitud y la gravedad de los acontecimientos” y aclara que aunque la mayoría de los casos corresponden al pasado “las heridas nunca desaparecen y nos obligan a condenar con fuerza estas atrocidades”. Pide unir esfuerzos “para erradicar esta cultura de muerte” y sentencia que “las heridas nunca prescriben”.

La carta del Papa, firmada a 20 de agosto y en la que extiende a toda la Iglesia, clérigos y laicos, la reflexión sobre los escándalos de abusos, llega también a las puertas de su próximo viaje a Irlanda, donde estará el 25 y 26 de agosto para participar en el Encuentro Mundial de las Familias.

Una cita que puede quedar empañada por la sombra de los escándalos. En 2010, la Iglesia irlandesa, bajo el pontificado de Benedicto XVI, afrontó el mayor caso de pederastia de su historia.

Un informe de la justicia desveló abusos cometidos por 400 sacerdotes contra al menos 12.000 menores durante 30 años. El entonces Pontífice convocó a Roma a los representantes de la Conferencia Episcopal del país para abordar la cuestión y envió una carta a los fieles irlandeses en la que por primera vez habló de “vergüenza”. Desde entonces la brecha entre la Iglesia y la sociedad sigue aún abierta en Irlanda —un país con una arraigada tradición católica y con un alto porcentaje de católicos practicantes— y el número de fieles ha caído en picado.

El pasado domingo, el arzobispo de Dublín, Diarmuid Martin dirigió un mensaje contundente al Papa: “No basta con pedir perdón. Las estructuras que permitieron o facilitaron los abusos deben ser aniquiladas, y aniquiladas para siempre”.

El portavoz del Vaticano, tras la publicación de la carta de Francisco, aclaró que el texto es para Irlanda, para Chile, para Estados Unidos, pero no solo. “El Papa ha escrito a todo el pueblo de Dios”, explicó y destacó que es significativo que el Pontífice se refiera a los abusos como un crimen y “no solo como un pecado”.

La fiscal en Nueva York
La fiscal general del estado de Nueva York, Barbara Underwood, tiene abierta una investigación por las denuncias de abusos sexuales en la iglesia católica. Para completarla, su oficina acaba de emitir este jueves una orden para que sus ocho diócesis le aporten los documentos de los que dispongan, así como información sobre los pagos realizados a posibles víctimas y el resultado de investigaciones internas.

La acción del equipo de Underwood se conoce tan solo tres semanas después de que un gran jurado en Pensilvania documentara que más de 300 sacerdotes abusaron sexualmente en ese estado de más de mil niños. Argumenta por eso el inicio de esta investigación diciendo que el informe “arrojó luz sobre los actos increíblemente perturbadores y depravados del clero católico” y señala en este sentido que estuvieron ayudados “por una cultura de secretos y encubrimientos” por parte de las diócesis.

Underwood trata de determinar cómo los líderes de la Iglesia respondieron a las denuncias de abusos. El extenso informe de Pensilvania ya revelaba que algunos de los “sacerdotes predadores” tenían vínculos con las diócesis de Nueva York y Nueva Jersey.

Para completar la investigación, se acaba de establecer una línea telefónica para que las víctimas de los abusos o cualquier otra persona con información sobre estos hechos pueda ponerse en contacto con los investigadores, o denunciarlos.

“Las víctimas en Nueva York se merecen ser escuchadas”, ha dicho la fiscal, y ha añadido: “Haremos todo lo que esté en nuestra mano para que se haga justicia”. La investigación de la fiscalía del Estado de Nueva York cubre todas las diócesis, así como otras entidades vinculadas a la Iglesia Católica, que son esencialmente instituciones sin ánimo de lucro. El objetivo es tratar de determinar hasta qué punto se encubrieron los abusos a menores y el alcance de las denuncias.

En paralelo, la fiscal general trata de coordinar su acción con los fiscales de distrito por si pudiera derivarse una acción también por la vía penal.

Underwood no tiene autoridad para convocar a un gran jurado que investigue estas alegaciones y procesar a los individuos que hayan cometido una ofensa criminal. La fiscal aprovecha para pedir que el legislativo adopte un reglamento que permita proteger mejor a los menores frente a estos abusos.

El papa Francisco emitió una carta unos días después de estallar el escándalo de Pensilvania en la que expresaba su vergüenza por los abusos sexuales. “Nunca será suficiente lo que se haga para pedir perdón y buscar reparar el daño causado”, admitía, al tiempo que emplazaba a un cambio de cultura que permitiera prevenir los abusos y el encubrimiento de los casos de pederastia que azotan a la Iglesia.

La archidiócesis de Nueva York emitió una breve nota de prensa tras conocerse la acción civil en la que un portavoz se limita a decir que todas las instituciones bajo su paraguas cooperarán con la investigación. “No es ninguna sorpresa que la fiscal general esté contemplando iniciar una investigación civil”, señala Joseph Zwilling, “todas las diócesis en los estados estamos listas y dispuestas a trabajar juntos en su investigación”.

Zwilling señala que la archidiócesis de Nueva York cooperó con varias investigaciones penales de fiscales de distrito iniciadas desde 2002. “No solo facilitamos la información que se requería”, explica, “también nos notifican cuando reciben una acusación de abuso”. Eso, explica, “nos permite investigar y retirar del ministerio a cualquier clérigo que tenga una acusación creíble y sustancial de abuso”.

La acción judicial, en cualquier caso, tiene límites. Las víctimas que sufrieron abusos sexuales cuando eran menores solo pueden presentar una demanda en el estado de Nueva York por la vía civil o buscar cargos criminales hasta que cumplen los 23 años de edad. Es umbral no se tiene en cuenta cuando se considera que el delito es serio, pero en este caso solo se puede actuar por la vía penal si el crimen se cometió en 2001 o después. La fiscal aprovechó por eso para pedir que se adopte una nueva legislación que permita proteger mejor a los menores.

Incluso si los casos quedan al margen, la fiscal pide a las víctimas que den el paso al frente e informe a su equipo de investigadores. Cualquier tipo de información que las víctimas les faciliten, señala Underwood, les ayudará a entender el patrón de conducta seguido por la Iglesia. La Charities Bureau, una organización en la que se registran las instituciones benéficas, inició el mes pasado una investigación similar.