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LA ANÉCDOTA

2 marzo, 2018 | 3:01 pm

La equitación y una salida

Desde los años mozos, Gómez es un jinete consumado. Aficionado a arrear rebaños de mautes en “La Mulera” y los alrededores de esta hacienda, al venirse a Caracas cabalgó los mejores caballos pura sangre, criados en sus corrales particulares, aun cuando en el Táchira prefirió las mulas para cubrir largos o cortos trayectos.
Esa pasión por la equitación la comparte con las riñas de gallos y las fiestas taurinas, manifestadas tanto en corridas como en coleadas, al punto de ganar fama en el Táchira de coleador excelente. La primera inclinación –la de montar a caballo—lo lleva a promover la construcción del Hipódromo de El Paraíso.
Tal predicción por las cabalgaduras lo induce a organizar paseos por Maracay y sus contornos, como los que tienen por meta a “Guayabita”, hacienda enclavada en las afueras de Turmero, con prestantes figuras del séquito presidencial. Entre estos estaba su secretario, Rafael Requena, quien llega al sitio de partida de la caravana cuando ésta ha emprendido marcha hacia el corazón de la finca. El retardo de requena es deliberado, en razón de que siente aversión por las monturas.
El general parte con su comitiva, pero antes dispone dejar unos caballos ensillados para las personas que fueran incorporándose al picnic. Requena, informado de la partida, pasa por alto la previsión de su jefe, y al regresar éste del paseo, ensaya una excusa: “no pude concurrir -le dice- por falta de animales para la monta”.
Gómez, que mira fijamente al secretario, se dirige ahora a sus acompañantes:
–Definitivamente, el doctor Requena se quedó por bestia…

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