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LA ANÉCDOTA

2 febrero, 2018 | 12:00 am

Los Gómez no se casan…

Gómez tuvo ideas arraigadas. Quizás por lo duro de la frontera, y porque desde muy joven llevó sobre sus hombros la responsabilidad del numeroso clan familiar de “La Mulera”, la hacienda paterna. Venezuela, que nació y se modeló como Estado nacional bajo las riendas de su héroe y primer caudillo, José Antonio Páez, continuó siendo escenario de luchas y combates.

 

Gómez, que todo lo logra por su constancia, no desaprovecha las ocasiones. Su voluntad fue ley en los padecimientos y también en los goces; en la esperanza y en la desilusión. Su vida, como todo mortal, se cubre de amarguras, desengaños, derrotas y triunfos. En una Venezuela rural, sin más normas que la guerra, se forma y su primera actuación política la signa la derrota en los tiempos de Andueza Palacios, pues al triunfar el legalismo de Joaquín Crespo, se exilia. Pero enseguida se rehabilita, pues fue hombre enérgico, de pelea, audaz, paciente, y de mucha astucia.

 

En el seno de aquella Venezuela, infestada de guerrillas intestinas, desorganizadas y anárquica, surgirá su “puño de hierro”, siendo la paz la que más destacan sus panegiristas, aun cuando fuera una paz siniestra y opresora.

 

Muy joven dice y lo repite cuando es dueño del país: – “Los Gómez no se casan” –que bien podría traducirse en –“yo no me caso”.

 

En los Andes y en Maracay tuvo muchas mujeres. Impenitente soltero, vivió solo, con la servidumbre, en su casa frente a la plaza Girardot. Y le disgusta abordar el tema matrimonial.

 

Presionado por sus hijas, se acerca a él en cierta ocasión, monseñor Fernando Cento, nuncio de Su Santidad:

 

–General, todo Jefe de Estado debe ser casado…

 

–¿Y el Vaticano es un Estado? –pregunta.

 

–Por supuesto, -le responde el Nuncio.

 

–Y entonces, ¿por qué el Papa no se ha casado?