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LA ANÉCDOTA

19 enero, 2018 | 12:00 am

Razones de bolsillo

Por ser hombre de origen rural, a don Juan Vicente se le atribuyeron muchos cuentos y anécdotas, algunos verdaderos y otros falsos. El autócrata, que no olvidó nunca “la razón de su ser”, como lo apunta el doctor Ramón J. Velásquez, escala la Primera Magistratura, gracias, en cierto modo, a la ojeriza con que ven las grandes potencias a Cipriano Castro. Ya en la silla de Miraflores, se dedica a saldar las cuentas del país, sobre todo cuando el petróleo se convierte en el principal proveedor del Fisco.

En su retiro de Camurí Viejo, recibe Gómez, previa invitación, al encargado de Negocios de una nación europea, cuyo gobierno reclama desde 1902 a Venezuela la suma de quince millones de francos por concepto de deudas, intereses y “otros daños”.

Cuando el jefe de la misión extranjera presenta al General sus saludos, este pide de inmediato a edecanes y sigüises que se retiren porque debe hablar a solas con él asuntos de interés singular para las dos naciones. En el acto quedan solos, y como único testigo observa el edecán de guardia, a cierta distancia.

Gómez le dice entonces al ministro extranjero:

—Hay una reclamación de su país contra Venezuela. Yo no voy a nombrar representantes en este asunto. Voy dejar esto en sus manos, pues usted es mi amigo y yo soy agradecido con mis amigos, y por lo tanto voy a darle 500 mil francos para que me arregle el asunto.

A poco, la nación europea transaba su reclamación por 5 millones de francos.

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