Una opinión, Cinco temas

Juntos todo es posible…

29 junio, 2018 | 12:00 am

Cada cierto tiempo, la hegemonía emprende una nueva campaña publicitaria de alcance masivo y de costo, se supone, sideral. Algunos se hacen todavía más ricachones con los recursos públicos, y luego la referida campaña pasa al olvido, y comienza otra que debe renovar el ciclo del enriquecimiento. La campaña presente se llama “Juntos todo es posible”, y el “juntos” tiene que ver con el predecesor y el sucesor, cuyos perfiles son el símbolo gráfico de la campaña.

¿Quién iba a imaginar que Venezuela se encaminaría a dejar de ser un país petrolero, o por lo menos exportador de petróleo? ¿Quién se imaginaría que en medio de la bonanza petrolera más larga y caudalosa de la historia, Venezuela estaría sumida en una catástrofe humanitaria? ¿Quién se hubiera imaginado que el salario mínimo en Venezuela se hundiría a menos de un dólar? ¿Quién se imaginaba que Venezuela sería transmutada en uno de los países más violentos del mundo? Sí, juntos todo eso —y mucho más —, ha sido posible…

Masacre social
El tema está mal planteado: no es que en Venezuela haya violaciones a los derechos humanos. No. Es que hay una masacre social. Y no social porque se limite a la esfera social de la vida personal y colectiva, dejando por fuera lo económico y lo político. Nada que ver. La masacre es social porque el exterminio incumbe a toda la sociedad venezolana, con la excepción de una pequeña parte de la población que vive en las burbujas del poder, al mejor estilo de la mafia rusa.

Una masacre, según el diccionario, es una matanza de personas, por lo general indefensas, producida por ataque armado o causa parecida… Tal cual lo que ocurre en Venezuela. La matanza es diaria, por razones de inseguridad, de hambre, de falta de medicinas o servicios médicos. Y todo ello tiene su responsable en una hegemonía que fundamenta su poder en el ataque de grupos armados, dentro y fuera de los límites del Estado. Entonces, ¿Hay o no hay una masacre social en Venezuela?

Ex-país petrolero
No es una pesadilla, en lo que a Venezuela se refiere, sino una perspectiva que cada vez se acerca más a la realidad. A finales del siglo XX, Venezuela mantenía una posición importante en el mapa petrolero mundial, y su corporación petrolera, Pdvsa, también. Hoy son un punto minúsculo, a pesar de las cuantiosas reservas de hidrocarburos pesados. Y todo ello ocurrió en medio de una bonanza petrolera.

La producción se estima en un millón quinientos mil barriles diarios, las exportaciones comerciales en menos de un millón, todo eso disminuyendo a paso constante, y en un contexto de desconfianza radical en quienes desgobiernan a Venezuela. Nadie quiere invertir en el sector petrolero venezolano. Ni siquiera lo que queda de Pdvsa. ¿Vamos en camino de convertirnos en un ex-país petrolero? Sí, vamos en camino y esa meta no es lejana, a menos que se produzca un cambio político de fondo.

“Líneas de acción”…
La retórica oficialista siempre propone no sé cuántas líneas de acción, no sé cuántas estrategias de transformación, no sé cuántos planes de trabajo que, naturalmente, siempre quedan en nada. Sepultados en el olvido de la muy corta memoria colectiva, aunque esas “líneas”, esas “estrategias” o esos “planes” hayan significado que se abultaran las fortunas oficialistas. La retórica es tan estrambótica que a veces se plantean 50 temas simultáneos y distintos. Ni los que los plantean son capaces de acordarse de éstos, luego de planteados…

Pero todo ello tiene por propósito –además de la parte metálica— tratar de infundir la idea de que se está haciendo algo. De que la hegemonía tiene propuestas y ganas de hacerlas realidad. Mentiras redondas, ciertamente, pero que logran confundir a una parte —cada vez más pequeña— de la población.

¿Y usted, no se dejó manipular?
El colombiano Juan Manuel Santos parece un personaje florentino, de esos que se inspiraron en una lectura maliciosa de Maquiavelo. Después de recibir el presidente electo de su país, Iván Duque, expresó su deseo de que éste no se dejara manipular por Uribe. ¿Y cómo fue que Santos llegó a la presidencia? ¿Llegó por su propia fuerza política o porque “se dejó manipular por Uribe? La respuesta es obvia. Sin Uribe, Santos no hubiera sido presidente. Es más, hasta podría decirse que Santos fue el que maniobró a Uribe para que lo apoyara como su candidato.

Desde luego que no sería bueno que Duque se convirtiera en una marioneta de Uribe, pero tampoco sería conveniente que, de pronto, se convirtiera en su “nuevo peor enemigo”, como hizo Santos con Uribe, al mismo tiempo de que se ufanaba de su súbita amistad con Chávez. No le deseo mal a Santos como persona, pero ojalá su influencia política siga disminuyendo con su salida del poder. Sería algo positivo para Colombia.