Quinto Día Online
22 de Noviembre del 2017

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José Virtuoso: “Necesitamos una profunda reforma electoral”

José Virtuoso: “Necesitamos una profunda reforma electoral”

“En las últimas elecciones hubo un descarado ventajismo”, dice el rector de la UCAB

 

“La abstención no es la solución”

 

“El gobierno quiere una Iglesia sumisa, que lo bendiga”

 

 

Oliver Parra

 

 

¿Cómo se ve, desde una posición como la del padre Virtuoso, el momento político electoral que vive este país?

-Lo primero es que, ciertamente, hay que exigir al Consejo Nacional Electoral que se genere la suficiente confianza para acudir a votar. Yo creo que las denuncias ocurridas, a propósito de las elecciones del 30 de julio pasado, en donde Smartmatic salió con aquella denuncia de que se habían aumentado más de un millón de votos en el conteo total de la participación en aquella oportunidad, y luego todo este conjunto de denuncias ocurridas, de irregularidades en todo el proceso, genera una desconfianza tremenda. Entonces, yo sí creo que lo primero que uno desearía y que el país exige, es que haya efectivamente un cambio de las condiciones para participar, con la suficiente confianza en el proceso electoral. Me llamó la atención en estos días ver, de parte del Fiscal de la República, el señalamiento de que las críticas al proceso electoral y al sistema electoral pueden ser interpretadas, o mejor dicho: de sus declaraciones se puede colegir que las críticas de él al proceso electoral, pueden ser interpretadas como delito. Incluso, aquellos funcionarios a los cuales se les puede aplicar antejuicio de méritos, son amenazados para aplicarles este procedimiento, si no reconocen el sistema electoral. Eso ya es el colmo. Es decir: tú tienes un proceso electoral que, a todas luces, está preñado de irregularidades. Es más, yo lo he dicho en muchas oportunidades: es un proceso totalmente viciado en su procedimiento; que ahora ni siquiera lo puedas criticar, ya es el colmo de la perversión del sistema. Hay todo un tema de ventajismo político por parte del gobierno, en todos estos procesos electorales, que también lo convierten en un proceso electoral muy viciado. Por ejemplo, cuando se hacen campañas con los Claps, con el nombre y apellido de los candidatos por estado -que en este caso hay varios-, o se utiliza la tarjeta electrónica del llamado Carnet de la Patria como un mecanismo de canje el día del voto, en que los puntos rojos se quedaban con el Carnet de la Patria y la persona que votaba tenía que entregarlo en el punto rojo y después se salía en el centro y tenía que ir a recogerlo. Eso se llama ventajismo, eso se llama coacción, con algo tan importante como es la comida de la gente. Entonces es necesario, por el bien del país y por el bien de la democracia, ir a una reforma, pero no a una reforma profunda, porque la ley electoral es lo suficientemente clara. Yo fui observador electoral y puedo decir que, ciertamente, la ley, los procedimientos electorales y el sistema electoral venezolano, es suficientemente claro y procedimentalmente es muy expedito, por lo tanto, no se trata de reforma, se trata, fundamentalmente, de garantizar la transparencia en estos procedimientos y eso se garantiza con la observación, nacional e internacional, con las libertades para hacer las auditorías previas y posteriores, con una conducta pulcra por parte del funcionariado, que es el Consejo Nacional Electoral y eso tiene que exigirlo la oposición. La oposición tiene que convertir las exigencias de un proceso electoral pulcro y transparente, como condición fundamental para poder participar en los procesos electorales. Tú tienes un gobernador electo en el estado Zulia que no es reconocido porque no se juramenta ante la Asamblea Nacional Constituyente y como tal, no lo dejan juramentarse. Lo declaran en falta absoluta. Eso es un hecho trágico, vergonzoso, y políticamente inexplicable, porque según la Constitución, los gobernadores no se juramentan ante la Asamblea Nacional Constituyente, aunque esa sea legítimamente convocada. Se juramentan ante la Asamblea Legislativa de su estado. Ahí, obviamente hay una patraña de política para demostrar que efectivamente hay sumisión y acatamiento de una Asamblea Nacional que fue impuesta al pueblo venezolano. Entonces tienes ese hecho ahí. Y el otro hecho es el caso del estado Bolívar, cuando la semana pasada se admite el recurso que se interpone ante el Tribunal Supremo, por parte de la Causa R, admitiendo el recurso. Ojalá que ese recurso tuviera su curso normal y fuera resuelto a favor de la verdad y de la justicia. Pero el hecho este de que tú aparezcas con unas actas en la mano, como es el caso del gobernador electo en el caso de Bolívar, que aparece con sus actas en la mano, señalando claramente allí que sus números contradicen totalmente los que aparecen en la pantalla, por parte del Consejo Nacional Electoral. Entonces allí hay un tema realmente bien escabroso, que habla muy mal, ya no solamente del proceso electoral, sino como tal, del proceso político. Me preguntaba sobre el tema de la Iglesia. El problema de este gobierno es que quiere una Iglesia sumisa, que lo bendiga. Eso le pasaba al difunto presidente Chávez, y se ve que la costumbre sigue: la búsqueda de una Iglesia que bendiga al gobierno. Hay que decir que ese no es solamente un problema, ni fue un problema de Chávez, ni es un problema actual del presidente Maduro. Es un problema, en general, de los gobiernos, que mientras más autoritarios son, tienen precisamente qué buscar la bendición de la Iglesia, porque sienten que les hace falta y que les ayudaría. La Iglesia, tengo que decirlo, ha sido muy respetuosa y ha actuado totalmente por los canales regulares y constitucionales,  que nos ofrece nuestro Ordenamiento Jurídico. Se ha criticado toda una serie de cosas; puede ser que me diga, ‘estoy equivocado’, puede ser que me diga, ‘disiento de tu posición’, pero eso es una cosa. Y otra cosa es pasar al insulto, que es lo que ordinariamente ocurre. Es decir, tú te sientas frente al televisor y ves cómo el Presidente de la República va a insultar de esa manera a ciudadanos que no estamos de acuerdo. Eso no es admisible en democracia, y lo lamentable es que en el país eso se ha venido haciendo ya norma y ley: el insulto gratuito, fácil. Estoy de acuerdo con que diga, ‘no estoy de acuerdo con la posición de la Iglesia por esto, esto y esto’. Bueno, está bien, se admite. También se respeta, la discusión en democracia es así. Pero una cosa es el no estar de acuerdo, y otra cosa es utilizar adjetivos y epítetos.

 

-Hay también críticas a la oposición. ¿Usted qué piensa del comportamiento de la oposición en el escenario de competencia política con el gobierno?

-Yo creo que los liderazgos de oposición tienen necesariamente que hacerse una autocrítica muy profunda. Creo que hemos sido testigos, a lo largo de estos últimos meses, de un conjunto de acusaciones y de enfrentamientos, que dejan mucho que desear. Creo que hay una falta de claridad en las estrategias a seguir, muy importantes; la falta de comunicación con su electorado es obvia, y eso es muy problemático, porque eso hace que la crisis política se ahonde más, porque hay que decir, ‘mira, tienes un sector de la población muy importante que se siente, en este momento, medio huérfano políticamente’. Entonces, creo que eso no conviene, y lo que uno desea es que en medio de este contexto, el liderazgo de oposición se siente, converse, reflexione, redefina sus estrategias y sus estructuras, para canalizar las inquietudes de sus seguidores.

 

-¿Qué esperanzas?

-Bueno, yo sigo siendo un fiel creyente de la esperanza, porque en este pueblo hay muchas ganas de luchar. En este pueblo hay muchas ganas de “no dejar que el muchacho se le muera en la barriga”, como dice el refrán popular. Es decir, este es un pueblo de gente luchadora y trabajadora. Aquí hay organizaciones, y hay instituciones. Yo vengo de una universidad en donde todos los días me siento súper orgulloso de ver esa cantidad de muchachos que, en medio de sus dificultades de todos los días, vienen, entran a sus aulas, estudian y a la vez participan, a la vez hacen teatro, y a la vez van al barrio y vas al barrio, por el otro lado, y ves la gente.