Opinión

Inteligencia artificial

24 noviembre, 2017 | 12:00 am

Hildegard Rondón de Sansó

 

 

La opinión de un acreditado científico, Stephen Hawking, alarmó a todos los que siguen la evolución de la ciencia, caracterizada por el predominio de los sistemas informáticos. Decía Hawking que la robótica puede llevar al exterminio de la raza humana, si los robots creados no son debidamente controlados.

 

La cinematografía ha venido proyectando una visión de un mundo robótico, cuando en algunas películas aparece un científico esquizofrénico que crea unas máquinas con inteligencia artificial, destinadas a sustituir las normales actividades de los hombres a quienes terminaron dominándolos.

 

Los artefactos que se movilizan con autonomía -es decir, sin la presencia humana- son, en los momentos actuales, uno de los más impresionantes avances de la tecnología. Estoy hablando de la antes aludida robótica, pero también de algo que nunca ha dejado de angustiarme, que es la existencia de los “drones”, entendiéndose por tales a los vehículos aéreos no tripulados que, inicialmente, fueron “secretos militares” muy bien guardados, con forma similar a la de los aviones, lo que hizo que se les diera el nombre de “aviones no tripulados”.

 

Durante la Primera Guerra Mundial fueron construidas estas máquinas, que eran controladas por radio para el entrenamiento de las tropas. Durante la Segunda Guerra Mundial se usaron drones para entrenar a los operadores de los cañones anti aéreos, que poseían autonomía de movimiento. El “dron” es una de las armas militares más crueles, por cuanto su carencia de subjetividad se revela en el ataque que realiza contra cualquier sujeto. Aun cuando no sea un enemigo, o bien, siéndolo, se haya rendido o pida piedad. Por eso resulta un asesino despiadado, que puede herir y matar sin saber a quién agrede.

 

Actualmente el dron ha adquirido nuevos objetivos, pero siguen siendo utilizados para funciones de espionaje, debido a las altas velocidades que logran y a su pequeño tamaño. También se destinan a realizar fotografías aéreas con fines comerciales y, asimismo, operan en el cine, en la agricultura, en la conservación ambiental, en los servicios de emergencia y en la construcción. Por lo que respecta a la delincuencia, le han dado su ayuda a la misma en el contrabando de drogas, por ser difícil su identificación.

 

Pero regresemos a la inteligencia artificial, que es llamada también inteligencia computacional. Se dice que, en materia de computación, una máquina “inteligente” es un agente que percibe su entorno, y lleva a cabo las acciones que se le encomiendan con eficacia.

 

Se habla de Inteligencia Artificial porque las máquinas son construidas imitando las funciones cognitivas de los humanos, fundamentalmente las dos básicas: la de “aprender” y la de “resolver problemas”.

 

¿Para qué sirven hoy los robots? Sirven para sustituir a los humanos en funciones peligrosas o extremadamente delicadas. En el primer campo están aquellos que operan en medios radioactivamente contaminados. En el segundo están los que sirven para sustituir la habilidad del hombre en técnicas quirúrgicas. También están los “jugadores”, que superan a los expertos en juegos intelectuales, como es el caso de los jugadores de ajedrez, que han llegado a ganarles partidos a campeones mundiales.

 

La realidad es que estamos en la antesala de un mundo mágico, porque va más allá de los conocimientos y de las facultades que la ciencia, la costumbre y la educación nos han proporcionado. Es un mundo mágico que puede ser para el bien, como son los robots auxiliares de los cirujanos, o para el mal, como son los drones asesinos al estilo de los que atacaron ciegamente a los nacionales de Afganistán. Lo importante es el control que sobre ellos se tenga y la evolución positiva que se logre de sus prestaciones, dirigidas a darnos un mundo mejor.

 

 

 

 

 

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