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Hoy sería el feliz cumpleaños de “El Gabo”

6 marzo, 2018 | 3:04 pm

Todo comenzó con una frase en una máquina de escribir. Cíclica, se repetía, no daba tregua a su creador. Tomó forma, se volvió párrafo, para luego ser libro y posteriormente, una leyenda que marcaría un antes y después en la literatura latinoamericana.

Sin cesar, sin respirar casi, en una época difícil, a sus 38 años y viviendo en México, “El Gabo” inició una historia cíclica, que se convertiría en un eco –acaso como un curioso homenaje a William Faulkner- y que concretaría una cosmogonía alrededor de su obra.
“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía habría de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

La historia se extiende, en un pueblo olvidado, fantasmagórico e irreal, donde converge el centro del mundo. Macondo, ombligo de un universo vasto, acaso una reminiscencia de la Aracataca natal de Gabo, en donde convergen siempre alguna de sus historias. El hogar de la cándida Eréndira, y su desalmada abuela, que la prostituía, ven un eco de la historia de sus vidas en esa región misteriosa. Pero Macondo es el universo de Gabo, en cada una de sus historias. Periodista, cronista, amigo y luego archienemigo acérrimo de Mario Vargas Llosa, ostentó alguna vez un puñetazo en el rostro por un lío de faldas con el reconocido escritor. De él hay muchas historias. Su amistad con Castro, su amor por el vallenato, el amor a su oficio. Para él, ser periodista era ejercer “el mejor oficio del mundo”.

Cuenta la historia que para él, su mejor libro era El amor en los tiempos del cólera, historia inspirada en la manera en que sus padres se conocieron. Luego vendría la fama, el Premio Nobel de Literatura. Luego, vendría la adaptación del libro a película, y la actuación de Javier Bardem como Florentino Ariza. Luego vendría la fama, pero la palabra estuvo siempre, desde sus inicios.
Es difícil abarcar a Gabo en una nota de prensa, pero vale la pena hacerlo. Así sea en párrafos breves. Así sea como mero recuerdo del liceo, en análisis literarios.

Su labor periodística incluyó medios impresos como la revista Venezuela Gráfica y Élite, el tiempo que vivió en Venezuela; El Universal, en su estancia en Cartagena de Indias; El Espectador y El Independiente, por solo mencionar algunos. Su obra literaria es más extensa: inicia con Relato de un náufrago, pasa por Crónica de una muerte anunciada, La hojarasca, La mala hora, El general en su laberinto, Memorias de mis putas tristes –inspirada en La casa de las bellas durmientes del japonés Yasunari Kawabata- además de varias historias, como “La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y su abuela desalmada”, “El ahogado más hermoso del mundo”, “Aquel verano feliz de la señora Forbes” y “Eva está dentro de su gato”. Y es que narrativamente, Gabo dijo casi todo. Y aún quedaron cosas por decir.

A casi cuatro años de su partida, luego de una neumonía, además de un largo antecedente de cáncer linfático, el 6 de marzo se vuelve una buena fecha para recordar a una de las voces latinoamericanas más importantes de la historia contemporánea de la literatura.
Avanti, Gabo. Feliz cumpleaños. En tu honor, hoy vuelan las mariposas de Mauricio Babilonia.

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