Quinto Día Online
13 de Diciembre del 2017

Cartas del Lector

Hiperplusvalía revolucionaria

Hiperplusvalía revolucionaria

Si bien en el capitalismo liberal existe como un flagelo lastimoso hacia el trabajador en “la plusvalía económica”, a la hora de convertir en el mercado el producto de su trabajo en precios, el capitalista se apropia de la mayor ganancia. Peor ocurre en los estados degenerados obreros, donde se convierte el “socialismo científico” en burocratismo, donde el “burócrata” suplanta al burgués  como dueño del capital, para desde el Estado totalitario apoderarse del producto social y sus beneficios, siendo el látigo emotivo-sensorial el que se usa contra el pendejo, en la aplicación de la fórmula necesaria para su subsistencia y sumisión, adornándose el brazo explotador en las más sensibles querencias, como son la patria libre, el futuro de paz y amor, y la seguridad, con lo cual encadenan su suerte a la vigencia eterna de la dictadura y sus miserias.

 

Así, el poder no se hace solo desde el trabajo, sino que este es pervertido en razón de una militancia no solo sindical, sino partidista militar, que regula los pasos del pueblo que, como conejillos de indias (acures), son tratados como masa, explotando sus necesidades elementales -como las de alimentarse  y mantenerse saludables-, como método constante para el recuerdo diario de su debilidad ante el poderoso.

 

En esta dinámica, el trabajador dependiente de la burocracia está sujeto a las bondades de los políticos en el gobierno, y no desde su esfuerzo profesional, técnico o personal, ya que se trata el asunto como algo global, y así evitar “individualismos” que rompan el esquema totalitarista. Lo único que no regula es la vida de la élite gobernante, quienes en el disfrute del poder desde el Estado, manejan el capital burocrático como un monopolio, con lo cual, en este Estado petrolero -aun en las peores condiciones económicas- le da ventajas  a los que manejan el presupuesto nacional, y los ingresos derivados de la renta minera, para disfrutar de los valores mercantiles del capitalismo, bajo un disfraz de socialismo, donde el centralismo es la asamblea de socios, de la gran empresa Venezuela.

 

En este devenir, se busca como parte del plan desafiar al “imperio”, que en este caso es el norteamericano, para -como factor de unidad ante un enemigo común-, convertir la maquinaria burocrática en protectora  militar de la integridad física de los ciudadanos, aun cuando los únicos  disparos provengan desde los cuerpos represivos del Estado opresor, y se ejecuten contra los opositores a este proceso, donde la gran farsa es la igualdad de los trabajadores, mientras por “herencia”, un grupo enquistado hace uso, a su libre albedrío, de las finanzas públicas, manejándolas a su antojo, para -en su condición de héroes de la “patria” amenazada- vivir “a lo grande”.

 

Las movilizaciones son comunes para enervar al pueblo, en esa necesidad defensiva de su soberanía, que nunca es respetada internamente, pero que para efectos externos, es pan de cada día, aun cuando se le entregue a otros imperios y sus agentes (Rusia, China, Irán, Cuba y afines) todo lo necesario para garantizar un apoyo, a la hora de que los vecinos  se cansen de las chifladuras nacionales. En estos casos, la quincalla ideológica se estructura desde las formas más irreales y exotéricas, tomando cualquier gobierno totalitario, como amigo y guía para la muestra de la captación de esta “nueva democracia popular”.

 

Desde la propaganda necesaria, pero nunca suficiente para las aspiraciones de perpetuidad en el poder, los mártires, animas benditas, profecías, victorias, mitos, legados y cualquier superchería, como la del muerto viviente como activista cómplice -sobre todo de la corrupción-, está en el libreto para sensibilizar los temores del pueblo, y hacerse de una religión donde los santos se visten de rojo, y protegen a la burocracia en el mando.

 

Desafortunadamente para la dictadura, un mundo en comunicación permanente es difícil de engañar con este tipo de crecimiento, en este mundo fantástico, cuando ya se ha conocido la realidad de avances de otras naciones, para lograr una mejor calidad de libertad, donde lo común es la producción, la justicia y la abundancia, poniendo énfasis en esa plusvalía económica, que no solo debe permitir  a los propietarios de los medios de producción un mejor vivir, sino que por las vías del reclamo racional organizado, llevar mayor y mejor reparto de la ganancia hacia los trabajadores, con la aplicación de los contratos colectivos, en base a la productividad y con el apoyo del Estado garantizar el equilibrio, en eso del reparto equilibrado de las cargas fiscales en beneficio de todos, con el necesario respeto hacia la creatividad, y sacrificios del emprendedor privado.

 

 

 

Tony Rivera Chávez

C.I: 2.923.879

profetanoskagamus@yahoo.com