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Espera para rato…

23 febrero, 2018 | 8:56 am

El compadre Román Delgado Chalbaud, especie de príncipe del gomecismo desde 1908 hasta 1913, cae en desgracia luego de organizar una conspiración para derrocar al Rehabilitador.
Todos los días, muy de mañana –a las 5 a.m. –, encamina Delgado sus pasos hacia Miraflores, y entra a la habitación de Gómez.
–Caramba, compadre, ¿como que se le pegó la colcha? – le dice un día a manera de chanza.
Cambian impresiones mientras el Jefe del Estado se coloca la indumentaria personal, y luego, ambos toman café, hasta la víspera de ser detenido por la policía –cuando lo arrestan y es llevado a La Rotunda.
Como la esposa de éste le escribe muchas veces al dictador y no obtiene respuesta, va a visitarlo en Maracay, justo a los diez años del encierro de su marido. En la residencia de su amiga Regina Gómez, lo esperó la señora Helena Gómez Velutini de Delgado Chalbaud y cruzan ambos de lo más normal los saludos, como si nada.
–A propósito compadre, vengo con la exclusiva misión de rogarle la libertad de Román. Creo de justicia que usted perdone a su compadre, y al efecto, traigo la resolución de no marcharme de aquí hasta que usted no lo ordene.
Gómez no se perturba en lo más mínimo por las palabras y el gesto de la señora, y en la misma forma familiar, le responde:
–Muy bien, comadre, usted es siempre bien recibida en esta casa.
Y seguidamente llama a la hermana, que los ha dejado solos para que puedan conversar sin apremios:
–Regina: ¡prepárele una habitación a la comadre…!