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En Los Roques “casi no existe la crisis”

13 marzo, 2018 | 12:44 pm

Los Roques son un destino que apenas está explotado, algo que beneficia a su conservación.

Ese es precisamente uno de los encantos de este lugar, que tiene un turismo muy controlado que paga su estancia en dólares o en bolívares, pero a la tasa de cambio en el mercado negro.

Tres días en una posada en pensión completa, con vuelo de ida y vuelta a Caracas, y con los trayectos en barco a los diferentes cayos, está por debajo de los US$300.

Son precios imposibles para un venezolano que gane en bolívares, pero muy asequibles para alguien con dólares, euros o libras.

A los pescadores les está afectando el cierre de la frontera decretado por el presidente Nicolás Maduro en enero que impide el comercio con las islas de Aruba, Bonaire y Curazao, próximas al archipiélago.

El inesperado perjuicio para Venezuela del cierre de la frontera con Curazao ordenado por el presidente Nicolás Maduro

Vender la mercancía a los comerciantes venezolanos de la costa supone hacerlo a un precio diez veces menor.

A eso se suman los problemas de abastecimiento: un barco del gobierno carga los suministros desde la costa una vez a la semana. Algún supermercado incluso compra en Caracas y lo transporta por su propia cuenta.

No hay tanta escasez como en otras partes del país, pero el flete eleva los costos.

Los problemas de agua obligan a los vecinos a almacenarla en tanques.

La pesca es junto al turismo la principal actividad de Los Roques.

Vivir en Los Roques

José Luis Durán lleva 18 años en Los Roques y también se muestra satisfecho. Trabaja en el Instituto Nacional de Parques, donde cobra un salario mínimo que le alcanza para poco y que complementa haciendo y vendiendo en dólares pulseras y anillos de plata para los turistas. Durán destaca que en Los Roques no hay delincuencia.

Sorprende ver a niños jugando en la calle y a los turistas paseando de la mano ya en plena noche cerrada. Es algo impensable en Caracas y otras ciudades del país.

La barrera de coral protege a Los Roques, cuyas aguas son tranquilas.

Tampoco se ve hambre ni desnutrición, pese a que algunos se quejan de que la caja con alimentos subsidiados que vende el gobierno no llega con la regularidad prometida.

“Cualquier persona te da un pescado”, dice Durán, sin familia en Los Roques, despreocupado. “Comida siempre vas a encontrar con abundancia”, dice señalando la cercana orilla del mar.