Una opinión, Cinco temas

El tronco y las ramas

10 agosto, 2018 | 12:00 am

La hecatombe que padece Venezuela no tiene remedio, si no se llega a entender que el problema no está en las ramas sino en el tronco. Es decir, lo relevante no son las manifestaciones de la hecatombe —por más trágicas que sean, en el ámbito de la salud, la inseguridad, el colapso de los servicios, la emigración masiva, etcétera—, sino la causa principal de la hecatombe, su tronco, que es la hegemonía roja que despotiza y depreda a la nación.

Si nos ocupamos de las ramas, denunciando todo lo que se tenga que denunciar, pero sin exigir la superación de la hegemonía, o sea, dejando el mismo tronco, en realidad no haríamos nada efectivo. ¿Y acaso eso no es lo que ha venido ocurriendo? Pues sí. Tal cual. Mucha gente entretenida con las ramas y sin meterse mucho con el tronco. Eso tiene que cambiar, y cuanto antes, mejor.

Loqueras o negociados

Los anuncios “económicos” son como un arroz con mango, que parecieran no tener pie ni cabeza… Y digo “parecieran”, porque la lógica detrás de cualquier anuncio de la hegemonía es el negocio para sus jerarcas. Lo del tema cambiario luce así. Por supuesto que no habrá transparencia, y ni siquiera alguna apariencia al respecto. A dedo se seguirán repartiendo los dólares del petróleo —que son de todos los venezolanos—, y a dedo se autorizaran los llamados “operadores cambiarios”.

Desde una perspectiva de razonable criterio económico, todo esto es una loquera. Pero hay que intentar ver las cosas desde otra óptica: la óptica oficialista, que no tiene nada que ver con criterios económicos razonables, sino con el negocio. Así ha sido, es, y seguirá siendo con la hegemonía roja.

¿Qué fue lo que pasó?

¿A quién beneficia lo que pasó el sábado 4 en la Avenida Bolívar de Caracas? Esa pregunta es clave para tratar de saber qué fue lo que en verdad ocurrió. Por lo pronto, mucha gente no hizo sino hablar del tema, y quedaron soslayados asuntos vitales como la hiperinflación, la anunciada reconversión monetaria, lo relativo al “cono monetario”, la gasolina y el carnet de la patria, el supuesto censo del transporte, y demás cuestiones de la etérea agenda oficialista.

A una hegemonía que suscita cero credibilidad, no se le puede creer, en consecuencia, nada. Y máxime cuando las versiones son tan confusas, ambiguas y hasta contradictorias. Como suele suceder con los enredos de la hegemonía, no se sabrá, por ahora, qué fue lo que en realidad pasó. Pero una cosa si se presume: el beneficiario, a corto plazo, es el señor Maduro. Si al menos porque los agobiados venezolanos pensaron en otra cosa, por unos breves días.

La victoria en la guerra comercial

La denominada “guerra comercial” que Trump ha sostenido —que no originado, con China— tiene muchos ámbitos de justificación. Si la economía china sigue cerrada o restringida a la inversión y emprendimiento foráneo, en diversos sectores, mientras que la economía de EEUU y de la Unión Europea no lo están con respecto a China, entonces no se puede hablar de reglas igualitarias para la competencia y el comercio internacional.

Eso está cambiando. Los chinos están, a su modo particular, cediendo más de lo que estaban dispuestos a ceder hace algún tiempo. Las presiones de Trump ayudan en ese sentido, pero también una posición más firme de los grandes países de la Unión Europea. Nunca habrá una victoria total o una derrota total en una “guerra comercial” que, por definición es distinta a una guerra convencional en la que el objetivo es aniquilar al enemigo. Acá no. Acá el objetivo es comerciar más y en condiciones simétricas.

La despedida de Santos

En un mensaje de despedida a los colombianos, Juan Manuel Santos reiteró que se retiraba de la política. Puede que esa sea su intención —no lo sé, pero la retirada de un presidente tan polémico no es cosa fácil—. Comenzando por los adversarios naturales y también los gratuitos, que no querrán que Santos se vaya para su casa, así como así.

Durante sus ocho años en la Casa de Nariño, Santos dio muchas vueltas, incluso algunas parecían saltos de garrocha, de manera que sus promesas deben recibirse a beneficio de inventario. Es lo prudente con el referido personaje.