La Anécdota

El status de los caudillos

17 agosto, 2018 | 12:00 am

Gómez recurre a los nuevos caudillos regionales y caciques locales, manteniendo sobre éstos la misma vigilancia, a fin de conocer las posibles combinaciones que pueda haber entre unos y otros. La maquinaria logística de cuadros policiales y combatientes comienza a emerger.

Para evitar intentonas revolucionarias en esta nueva etapa, Gómez se muda a Maracay, y mete a los nuevos caudillos en un reciente organismo creado, el Consejo de Defensa Nacional, atándolos de pies y manos, pues existe la creencia en el público de que el régimen no marcha sin la participación de ellos, toda vez que éstos señalan con el dedo a los presidentes de Estado, recomiendan a uno que otro empleado subalterno y dan el visto bueno a las obras que van a ejecutarse. De esta forma, Gómez se vinculará a la gente sana o de prestigio de las diversas zonas del país, que por vía de caudillos, entran en la administración pública. Prepara de este modo a sus futuros cuadros nacionales. En Maracay, los caudillos devengan buenos sueldos y viven en amplias casas del General, con personal de secretaría y guardia personal, pero con una condición insoslayable: no salir por ningún motivo de allí.

No tardea uno de los caudillos en ir a verle con este motivo: —Mi general, mi familia, mis negocios y mis otras actividades están requiriendo mi presencia en Trujillo.

— Anjá… ¿Y es que no está bien tratado y contento aquí en Maracay…?

—Sí, mi General, pero necesito viajar a mi tierra…

Gómez, frunce el ceño, y aparenta cierta contrariedad:

—¡Bueno, entonces que le vaya bien!

De madrugada, el caudillo aborda un auto que toma el camino de occidente. En una recta de Carabobo, lo intercepta una patrulla militar que lo conduce al Castillo de Puerto Cabello, bajo acusación de haber conspirado contra el Consejo y contra el Estado.