Responsabilidad social

El ser humano y la responsabilidad social interna de las empresas

23 septiembre, 2016 | 12:00 am

Lic. Karina Sabio, consultor RSE

Grupo KS

@karisabio

@grupoks_rse

 

 

En el mundo de hoy donde los tiempos se han hecho más cortos, las formas de comunicarnos más impersonales, y la inestabilidad ambiental y económica es cada vez más frecuente, las organizaciones deben reinventarse cada día y no sólo desde el punto de vista de sus procesos, sino poniendo foco en su capital más importante: su equipo humano, eso que las hace ser exitosas o fracasadas. Es por esta razón que queremos dedicar el espacio de hoy al rol e importancia que tiene el desarrollar estrategias de responsabilidad social interna en las empresas.

 

Son innumerables las estrategias de responsabilidad social interna que pueden desarrollar las empresas para lograr el desarrollo laboral y personal de su equipo de trabajo: algunas están relacionadas con actividades recreativas y deportivas, otras son remunerativas e implican incentivos económicos y finalmente están aquellas que comprenden procesos formativos, de capacitación, y fortalecimiento de capacidades. A estas últimas nos referiremos con más detenimiento.

 

Muchas organizaciones proclaman y dicen apoyar el crecimiento de su equipo de trabajo. Sin embargo, la mayoría de estas estrategias van dirigidas a ofrecer capacitación curricular y de mejora de procesos específicos ligados directamente a la productividad de las empresas, dejando de lado herramientas de desarrollo humano que permitan a sus trabajadores generar barreras emocionales y personales que impidan que el entorno familiar, social, ambiental y económico de cada uno les afecte y migre a la organización, poniendo en riesgo el logro de los objetivos.

 

El factor humano es un elemento determinante en el desarrollo de las empresas y como tal debe ser tratado, por lo que se recomienda desarrollar programas de capacitación que partan de una visión global del hombre, donde se traten temas relacionados con el desarrollo del ser, el control de las emociones, la resolución de los conflictos, la resiliencia, la relación trabajo – familia, el bienestar y el trabajo en equipo, así como las herramientas emocionales y personales con las que se cuenta.

 

Los procesos formativos deben contar con un componente práctico que incluya actividades dirigidas por profesionales donde los trabajadores tengan la oportunidad de canalizar sus problemas, de compartir desde un espacio laboral con la familia, con sus homólogos y con el personal directivo de la organización. Todo esto englobado en un concepto que podríamos llamar de terapia organizacional y que constituye una especie de “cuido” del trabajador, un concepto que genera en ellos lealtad, y orgullo de pertenecer a una organización que se preocupa y ocupa por ellos y que va mucho más allá de los incentivos económicos que sólo funcionan hasta que otra empresa ofrece algo mejor.

 

Esta práctica se hace aún más necesaria en países que están transitando por crisis económicas y sociales como la que vive Venezuela, donde el llamado nuevamente es a hacer funcionar el triángulo perfecto empresa, gobierno y sociedad para capear el temporal. Como dice el dramaturgo argentino Alejandro Robino, “aquí nadie sobra”.