Una opinión, Cinco temas

El naufragio de otro “plan”

21 septiembre, 2018 | 12:00 am

¿Cuántos “programas o planes económicos” ha anunciado Maduro desde que el predecesor lo designó como sucesor? Muchos, o en todo caso los suficientes para perder la cuenta exacta. En verdad, han sido anuncios de anuncios, que no cambian nada para bien sino que lo empeoran todo. Ha tenido asesores españoles, y ahora, se comenta, hay unos asesores ecuatorianos, que habrían sido enviados por el ex-presidente Correa, y que desde luego se mueven en la penumbra.

El más reciente “plan”, pomposamente llamado “programa de recuperación económica, prosperidad y crecimiento”… no pasó de los anuncios iniciales. Naufragó en el puerto, con ancla y todo. No inspira ni un ápice de confianza en ninguna parte, y ha agravado la catástrofe humanitaria en que la hegemonía roja tiene sumida a Venezuela.

Una salida bloqueada

No nos hagamos ilusiones con la llamada salida electoral. Esa salida está bloqueada por el poder establecido desde hace mucho tiempo. Que muchos no se hayan querido dar cuenta de ello, es otro asunto. A veces un asunto espinoso. Pero la salida electoral no es la única salida. La Constitución formalmente vigente de 1999, establece un amplio repertorio de rutas para exigir y actualizar un cambio político de fondo.

Después, en camino a la reconstrucción de la democracia es que se podrán celebrar las necesarias elecciones para avanzar en la ruta democrática, en el más pleno sentido del concepto. Por eso están proyectando modificaciones en la Constitución de 1999, que cierren las puertas que aún están abiertas.

¿Y quién paga los artefactos dañados?

Uno de los efectos más dañosos de la debacle del sistema eléctrico venezolano, que se hizo notoria hace ya 10 años, pero que se empezó a incubar desde los principios del siglo, es que echa perder a los artefactos eléctricos. Desde neveras hasta computadoras, pasando por televisiones o lo que sea. El daño se produce no sólo por los constantes apagones, sino por la alteración del flujo eléctrico, un día sí y otro también.

Y no hay protectores que valgan, porque los que se puedan conseguir no han sido diseñados para resistir la debacle eléctrica del país. ¿Quién responde por los artefactos dañados? La respuesta es obvia. Ninguna “autoridad” se hace responsable. Ninguna.

Los políticos españoles

No soy un experto en el tema de la política española, pero lo que voy apreciando por allí deja mucho que desear. El actual presidente, Pedro Sánchez, no parece tener quilla, y su asociación con Pablo Iglesias, el jefe de Podemos, es nefasta. Y gracias a ella llegó a La Moncloa, y gracias a ella se mantiene allí. Pablo Casado, el nuevo rostro del PP, no tiene los quilates necesarios para liderar a España, y Albert Rivera, el vocero principal de Ciudadanos, anda enredado en un lío de falseamientos curriculares que, por cierto, también se extiende a otros políticos de primera línea, incluyendo al socialista Sánchez.

No hay correspondencia, me luce, entre la importancia de España y la calidad de su dirigencia política, en todos los espacios del abanico ideológico. Como venezolano, considero que el más impresentable es Iglesias, en especial por los desmanes que él y sus aliados han ocasionado y ocasionan en Venezuela. Los principales políticos españoles, en líneas generales, no son una realidad auspiciosa para España. Todo lo contrario.

La última de Rodríguez Zapatero

Y para seguir con el tema, el ex-presidente del gobierno español y asesor de Maduro, José Luis Rodríguez Zapatero, acaba de declarar que el éxodo venezolano es producto de las sanciones de EEUU… Para empezar, por fin un vocero de la hegemonía venezolana, y Rodríguez Zapatero lo es, reconoce que hay un éxodo de venezolanos. Algo es algo. Pero deliberadamente la puso completa al atribuir el origen del éxodo en las sanciones específicas de Washington en contra de funcionarios y ex-funcionarios de la propia hegemonía.

El éxodo empezó mucho antes de que se anunciaran las referidas sanciones, y su causa principal, si no la única, es la situación de postración que padece Venezuela, por dolo y negligencia de la hegemonía que Rodríguez Zapatero tanto defiende.

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