Una opinión, Cinco temas

El Grupo de Lima

28 septiembre, 2018 | 12:00 am

Es un grupo heterogéneo en su apreciación de la realidad venezolana. Al principio parecía más compacto, pero ya no. ¿Qué pasó? Entre otras cosas pasó que el presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, ha declarado claramente que reivindicará la “doctrina Estrada” en las relaciones exteriores de México, vale decir una doctrina que se fundamenta en una visión extrema del principio de no-intervención.

Y México tiene influencia no sólo en la región, sino en la política de EEUU hacia la región. Eso no es positivo para la causa democrática de Venezuela. Por ello es un error sobrestimar al llamado “Grupo de Lima”. Su involución lo está demostrando.

El rollo de la gasolina
Es un ejemplo típico del despelote oficialista, en todo aquello que no sea la dominación despótica. Ha habido todo tipo de anuncios. Falsos y contradictorios. Lo propio, repito, del despelote. El poder quiere elevar los precios a “niveles internacionales”, y es obvio que han tanteado y anunciado varias vías, sin acertar en ninguna. Cunde, por tanto, la confusión y la incertidumbre. No es para menos.

El que esto escribe ha leído y oído innumerables especulaciones al respecto. Desde el primer anuncio, he ido muchas veces a varias estaciones de servicio —destartaladas casi todas— y cuando le pregunto a los operarios qué saben sobre el aumento de la gasolina y sus aspectos derivados, la respuesta es casi siempre la misma: “no sabemos nada con certeza”. ¿Qué pasará? Pues que se llevará a cabo el aumento, a trancas y barrancas, y el rollo de la gasolina continuará.

Venezuela y la OPEP
No sólo Venezuela fue co-fundadora de la OPEP, sino también pionera en su proceso de incubación, y además desempeñó un papel importante durante largas décadas. Sus niveles de producción y exportación, y la experiencia y sindéresis de su política petrolera, hacían de Venezuela un país a tomar en cuenta en el seno de la OPEP. Ya no.

Lo que digan los representantes de Venezuela no tiene importancia, y ni siquiera credibilidad. La producción petrolera disminuye y las exportaciones también. La palabra de los delegados venezolanos que van a las reuniones en la sede central de Viena, no tiene eco alguno entre los pesos pesados de la organización. ¿Qué diría Juan Pablo Pérez Alfonzo?

La conexión turca

Ciertamente, Turquía es un país de peso en su ámbito regional y tiene una de las economías emergentes más reconocidas. Su sistema político, nunca un dechado de transparencia, se ha hecho más opaco bajo el dominio más que autoritario del presidente Erdogan. De allí que el conjunto de los venezolanos ignore cuáles son las características de las crecientes relaciones entre la hegemonía que representa Maduro y la que ejerce Erdogan. De vez en cuando hay declaraciones oficiales, pero estas suenan a propaganda.

Istanbul parece ser un destino favorito del señor Maduro y su numerosa comitiva viajera. Hasta hay escalas gastronómicas, que sólo por el desvío de las rutas aéreas normales, suponen un gasto escandaloso. No sabemos cómo es el tinglado de la conexión turca, pero sabemos que existe, y presumimos, además, que funciona en la penumbra de la corrupción.

El acuerdo Vaticano-China

La suscripción de un acuerdo preliminar entre la Santa Sede y la República Popular China, cuyo objetivo inmediato es regularizar la situación de los obispos que no están en comunión con el Vaticano, no ha estado exenta de polémica. Mi conocimiento de estas materias es demasiado básico como para ofrecer una opinión asertiva, pero sí pienso que ese acuerdo debería apreciarse como parte de un proceso, seguramente largo y accidentado, pero que era casi inconcebible poco tiempo atrás. Un proceso que debe continuar y desarrollarse.

Las noticias sobre restricciones adicionales a la libertad religiosa en la China continental, son preocupantes. ¿Podrá el referido acuerdo preliminar, revertir esa situación? No lo sabemos. Pero si Beijing está dispuesta a sentarse a negociar con el Vaticano, es porque sabe que entre la población china va creciendo la fe cristiana y que es mejor alcanzar acuerdos que la canalicen, que aplastar la realidad a sangre y fuego. Ojalá que sea así.