Opinión

El drama de todos los días

3 agosto, 2018 | 12:00 am

En las Universidades en las cuales trabajo nos encontramos a un correo electrónico de distancia de nuestros miles de estudiantes y centenares de profesores, empleados y obreros; recibo decenas y me esfuerzo por leer y responder cada uno. Es muy larga la lista de contenidos y van desde consultas académicas hasta airados reclamos. Madrugadas atrás me topé con uno, que tras ponerme en los zapatos de la remitente, decido compartir. Textualmente reza así:

“Buen día Profe como está, espero que bien. Esperaba conversar personalmente con usted hoy pero escuché que estará en consejo. Quería pedirle disculpas porque el martes no vine a trabajar porque no tenía agua desde el lunes en la mañana, no tenía ni una gota ni para cocinar ni para tomar, ni para bañarme. Mi celular se dañó nuevamente, por eso no le avisé. Hace dos semanas que no tengo ni internet, ni cable, ni señal donde vivo. Me da mucha pena porque sé que estoy faltando mucho pero los otros dos días que no vine esta quincena me los pasé en el banco haciendo cola para sacar efectivo para pagar el pasaje; estoy gastando entre Bs. 40.000 a 50.000 diario ya que cada quien coloca el precio que desea y el banco por taquilla lo más que me da es Bs 100.000 quiere decir que me alcanza solo para dos días. Usted no se imagina las maniobras que tengo que hacer para llegar a mi trabajo, en muchas ocasiones me he tenido que montar en un camión como si fuera cochino que me deja en la primera cuadra después de la antigua Venoco y venirme a pie hasta la Universidad que usted sabe son como 20 cuadras y en la tarde al salir me voy caminando hasta el Luxor para tomar lo que sea para llegar a mi casa, pendiente con los malandros de la zona porque a más de un compañero le han robado en ese trayecto. Por favor le pido que me entienda”.

No hizo referencia esta vez a la electricidad que en alguna ocasión me contó pasan horas sin ella, ni a la nevera de su casa comúnmente vacía, ni a la espera angustiosa porque llegue el CLAP sin reclamar para no disgustar al “caciquito” del consejo comunal, ni al dolor de cabeza que le da cada vez que cobra y lo que gana no le alcanza para nada, ni a las medicinas para la tensión de su mamá que no encuentra y cuando encuentra no puede pagar, de que más nunca se ha comprado una blusa y que su hijo se queja porque ya los pantalones le quedan brinca pozos, “estoy esperando el bono vacacional para regalarle uno nuevo”, me dijo la semana pasada.

Una cosa es ver en un informe del FMI que la economía venezolana caerá 18% en el 2018 y la inflación será de 1.000.000% y otra apreciar de cerca el drama de todos los días de nuestros compañeros, amigos, vecinos, familia incluso.

La vida de millones en Venezuela hoy es una tragedia diaria, ¿Quién lo puede negar?

Getulio Vargas, que fue presidente de Brasil afirmó: “Hay que oír crecer la hierba”. En esta tierra de gracia, los burócratas del oficialismo pero también muchos de la oposición no están oyendo crecer la hierba y actúan como si aquellos que dicen representar tuviesen la paciencia de esperar indefinidamente por el país que ofrecen año tras año”.

El tiempo se acaba.