Quinto Día Online
13 de Diciembre del 2017

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El Cardenal del cambio de Francisco

El Cardenal del cambio de Francisco

El santo nuevo apuesta por el milagro de la inclusión

 

El rostro de la arquidiócesis de Newark es un mensaje al conservadurismo de la Iglesia norteamericana

 

El hombre que desafió las políticas de Pence

 

¿Y qué pensará el señor Trump?

 

 

L. J. Hernández

 

 

Una de las virtudes innegables del papa Francisco es la de ser un cazatalentos. Y su más reciente descubrimiento lo demuestra: el nombramiento de Joseph Tobin como cardenal.

 

La elección de quien fuera arzobispo de Indianápolis generó no poca sorpresa. Especialmente en los colaboradores más cercanos del Sumo Pontífice. Pero siete meses después, la decisión cobra sentido.

 

Tobin se encuentra ahora al frente de la arquidiócesis de Newark, en Nueva Jersey. Su elección fue un mensaje rotundo a la conservadora iglesia católica de Estados Unidos. También a la administración del señor Trump, y a su negativa de acoger refugiados que escapan de Siria.

 

Oriundo de Detroit, estuvo cuatro años al frente del sur de Indiana, mismo estado del que el actual vicepresidente, Mike Pence, era gobernador. Y a quien Tobin plantó cara por su política contra los refugiados. Cuando el Presidente firmó el decreto que prohibía la entrada a ciudadanos de países musulmanes, el Cardenal no dudó en dar apoyo a un grupo de refugiados en protesta.

 

El nuevo talento del Papa

Es el mayor de 13 hermanos y desde muy joven se sintió responsable de su familia. Ahora lidera a 1,2 millones de católicos en la arquidiócesis de Newark, y su misión es sacar adelante a una congregación envuelta en escándalos de abuso infantil.

 

Sus palabras contra el Presidente de Estados Unidos retumbaron con fuerza en la Trump Tower. “Es lo opuesto a ser americano. Las detenciones masivas y las deportaciones al por mayor no benefician a nadie, es una política inhumana que destruye familias y comunidades”, dijo al enterarse dela decisión de retirar fondos de las ciudades santuario. También puso en cuestión la “racionalidad” de los actos del Presidente.

 

Jorge Mario Bergoglio lo tuvo en su punto de mira desde que se conocieron en el Vaticano, en 2005. Le ayudó a establecer su relación que Tobin hablase un español fluido. Domina tres idiomas más. En una pausa para un café, Joseph Tobin le comentó a que estaba contento con la elección de Josef Ratzinger como pontífice, pero que el candidato favorito de su madre era él.

 

En ese entonces, Bergoglio era uno de los contendientes. “¿Qué sabe tu madre de mí?”, le respondió. Su respuesta fue clara y contundente: “Cocinas tu propia comida, manejas un auto modesto. Y francamente, está harta de los príncipes en la Iglesia”, comentó Tobin. Y esa conversación fue algo que el ahora papa Francisco no olvidó, cuando le propuso un cargo en el Vaticano.

 

Hoboken le recuerda a Roma en los atascos de tráfico. Se levanta a las cinco de la mañana, reza una hora, hace ejercicio antes de desayunar y después se pone a trabajar.Con frecuencia reserva sus noches para visitar alguna de las iglesias de la arquidiócesis. Dice que es como un archipiélago.

 

Tobin estuvo casi tres años exiliado. En el 2012 regresó a Estados Unidos, rumbo a Indianápolis. Esto fue una suerte de castigo por su esfuerzo para revolver las tensiones con las monjas de Estados Unidos. Cuando Benedicto dimitió, a los pocos meses Francisco tomó el relevo.

 

La apuesta por el cambio

Tobin se enteró de que recibiría el nombramiento de Cardenal el 9 de octubre, cuando recibió un mensaje al disponerse a leer las noticias.

 

El Sumo Pontífice valora mucho el encuentro personal, la fidelidad y la humildad. Pero la de Indianápolis era una diócesis de bajo perfil, con sólo 230 mil feligreses.

 

El Cardenal no solo abre las puertas a los que escapan de la guerra y da protección a inmigrantes con órdenes de deportación. A finales del mes de mayo acogió en la basílica del Sagrado Corazón de Newark a un grupo de más de medio centenar de representantes de la comunidad homosexual. Un gesto sin precedentes en la iglesia norteamericana.

 

La política del papa Francisco ha sido, desde el inicio, integrativa. “¿Quién soy yo para juzgar?”, dijo el Sumo Pontífice al iniciar un acercamiento de la Iglesia a la comunidad gay. Esa misma pregunta retórica se la hacen también curas, obispos y cardenales.

 

Tobin juega con el lema de campaña de Trump al decir que eso “es lo que hace y continuará haciendo grandiosa a América”. Y esto vale para los refugiados, los indocumentados y los homosexuales.