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13 de Diciembre del 2017

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El 62% de la población rechaza el control de cambio

El 62% de la población rechaza el control de cambio

El bajo nivel de las reservas líquidas indica que el nuevo Dicom solo tendrá éxito si el sector privado vende dólares en montos importantes

 

Víctor Salmerón

@vsalmeron

 

El último estudio de Venebarómetro, basado en un trabajo de campo realizado en febrero, señala que el 62,3% de los venezolanos se manifiesta a favor de que se elimine el control de cambio, 30,3% en desacuerdo y 7,4% no tiene opinión al respecto.

 

En febrero de 2003 el entonces presidente Hugo Chávez decretó el control de cambio en medio de una huelga que paralizó a PDVSA, pero en 2005 dejó en claro que no se trataba de una política coyuntural sino una pieza permanente en la política económica porque “la oligarquía venezolana se los lleva (los dólares) para colocarlos en los bancos del mundo”.

 

No obstante, la posibilidad de que unos pocos funcionarios decidan cuántos dólares puede comprar cada persona y cada empresa no ha impedido que el país registre una severa pérdida de reservas internacionales y una cuantiosa salida de capitales. Al mismo tiempo, la malversación en el uso de las divisas y la sobrefacturación de importaciones asciende a cantidades relevantes.

 

El 23 de mayo de 2013 Edemée Betancourt, en ese entonces presidenta del Banco Central, afirmó refiriéndose a 2012 que “lo que se entregó en divisas el año pasado fueron cantidades muy considerables, pero también hay otra cantidad considerable de divisas que se llevó a empresas de maletín (…) se pasaron entre 15 mil y 20 mil millones de dólares”, una cifra que supera el monto actual de las reservas internacionales.

 

Además, el control de cambio no se ha traducido en una asignación eficiente de los dólares, al contrario, el país sufre escasez de alimentos, medicinas y las empresas del sector privado no producen adecuadamente por la escasez de materias primas e insumos para producir.

 

Nuevo Dicom

 

Venezuela cuenta con tres tipos de cambio. Uno protegido (Dipro) donde el dólar se cotiza a diez bolívares y aplica para las importaciones de productos básicos. El complementario (Dicom) donde el dólar fluctúa y se cotizó en 714 bolívares el martes de esta semana y el negro o paralelo que no puede ser publicitado según normas legales.

 

El pasado 27 de marzo el presidente de la República, Nicolás Maduro, anunció que habrá cambios en el Dicom para “mejorar y construir a mediano plazo, pero con éxito en el corto plazo, un sistema de acceso a las divisas de todos los sectores productivos y los venezolanos”. El presidente, solo adelantó que habrá dos subastas semanales, sin precisar montos y condiciones.

 

El Dicom inicia esta semana en 713 bolívares por dólar y de acuerdo con las proyecciones de Ecoanalítica culminaría este año en 1.950 bolívares por dólar.

 

Si bien la devaluación de la moneda tendría un impacto en los precios al elevar el costo de las importaciones, permitiría que PDVSA obtenga más bolívares por cada dólar que vende y por tanto reduciría el desbalance entre ingresos y gastos en las cuentas públicas.

 

Analistas consideran que si las modificaciones en el Dicom se traducen en un sistema donde el precio del dólar lo fije el mercado, habrá una mejor asignación de las divisas, al contrario, si se mantiene un sistema discrecional donde pocos funcionarios deciden cuántos dólares compra cada empresa, lo previsible es un nuevo fracaso como ya ocurrió con el Simadi.

 

Un aspecto a tomar en cuenta es que la porción en efectivo de las reservas internacionales no supera los 1.500 millones de dólares, el gobierno ha tenido que desembolsar divisas para pagar importantes vencimientos de deuda y el precio del petróleo emite señales de que no registrará un aumento significativo tras el recorte de producción de la OPEP, por tanto, existen serias dudas sobre la capacidad para aumentar de forma importante la liquidación de dólares a través del nuevo Dicom.

 

La apuesta del gobierno parece descansar en que el sector privado oferte dólares en el nuevo mecanismo. “Busquemos la forma para que los venezolanos que tengan sus capitales en el exterior los traigan y los pongan a funcionar en la dinámica productiva”, dijo Nicolás Maduro.

 

No obstante, en un entorno signado por control de precios, control de cambio, desplome de la inversión e inestabilidad política es poco probable que las empresas privadas vendan dólares en montos importantes.

 

El paralelo

 

Si la modificación que hará el gobierno en el Dicom consiste en permitir un mecanismo donde efectivamente opere la oferta y la demanda, lo previsible es que el tipo de cambio paralelo (cuya cotización no puede ser publicada) descienda. Pero si no es más que un nuevo sistema de restricción en la asignación de divisas, el tipo de cambio paralelo recibiría un impulso.

 

Otro elemento a considerar es que las modificaciones en las normas para revaluar los activos fijos de la banca permitirán a las entidades financieras aumentar el crédito y, por ende, habrá una mayor cantidad de bolívares en la economía que, en parte, se desplazará a la compra de dólares en el mercado paralelo.

 

Muy pocos países tienen un sistema de cambios múltiples, de hecho, ni aliados de Venezuela como Bolivia, Nicaragua o Ecuador lo hacen. La gran mayoría mantiene un solo precio para el dólar, fijo o flexible. En el sistema en el que el tipo de cambio está fijo, si el gobierno imprime una gran cantidad de dinero para financiarse porque no puede cubrir sus gastos, los billetes inundan la economía y los ciudadanos aumentan la compra de dólares. Entonces, el tanque de divisas disponibles para ser vendidas, es decir, las reservas internacionales, desciende velozmente.

 

Si el tipo de cambio es flexible y el gobierno imprime montañas de billetes para financiarse, el Banco Central puede mantener el nivel de las reservas internacionales, pero tiene que dejar que el precio del dólar aumente hasta que la demanda de divisas pierda intensidad, porque se tornan muy caras.
Así, en los sistemas de cambio fijo o flexible, existe un ajuste automático donde el gobierno no puede fabricar dinero sin ningún tipo de límite para financiarse.

 

Supuestamente el sistema diseñado por Nicolás Maduro y sus ministros resuelve este problema, porque mantiene fijo el precio de la gran mayoría de los dólares que vende y al controlar las cantidades, preserva las reservas internacionales. Además, imprime montañas de billetes para gastar lo que no tiene porque los impuestos, el endeudamiento y el ingreso petrolero no le alcanzan para cubrir el presupuesto.

 

El problema es que la economía no se comporta como predicen las tablas de Excel y la diferencia entre los dólares que el Banco Central vende y los que en verdad desean comprar los ciudadanos y las empresas da origen a un mercado paralelo donde la demanda es gigantesca porque, como el gobierno de Nicolás Maduro está imprimiendo billetes a mansalva para financiarse, existe una enorme cantidad de bolívares que desesperadamente persiguen billetes verdes.