Una opinión, Cinco temas

Echando culpas

11 mayo, 2018 | 12:00 am

Algunos partidarios de Falcón, en particular entre los que tienen acceso a medios de comunicación, no necesariamente independientes, ya están sosteniendo que sí Falcón pierde la culpa la tendría la abstención. Eso no es verdad. Para nada. Estas votaciones carecen de la más mínima credibilidad y son manejadas por la hegemonía, a través del CNE, como les place. Eso se sabe de sobra, ¿entonces por qué insistir en una mentira que es evidente?

¿Será porque quieren justificar el resultado que se está preparando, tal y como se han preparado todos los resultados, en especial desde los comicios parlamentarios del 2015? Echar culpas anticipadas lo que hace es despejar el operativo en marcha que tiene por fin la convalidación del continuismo de Maduro, a través de la “participación” en una farsa comicial. ¿O me equivoco?

En contra de la comunidad internacional

La hegemonía roja desprecia el derecho internacional y las instituciones que le sirven de sustento y desarrollo. Intentó montar su propio aparataje de gobiernos cómplices, pero todo eso ha ido naufragando, y lo que queda es una sopa de letras sin consecuencias prácticas. Esa comunidad internacional despreciada por la hegemonía roja, no debe permanecer a nivel de declaraciones críticas. Debe ir más allá.

La nación venezolana forma parte de esa comunidad internacional y ésta tiene obligaciones con aquella. Sobre todo en materia de protección de derechos humanos, tema fundamental que supera las fronteras convencionales. Algunos comunicados bien redactados al respecto, no son suficientes para cumplir las obligaciones. Es necesario un activismo verdadero, en el marco del derecho internacional, que la hegemonía roja desprecia.

Economía de guerra

Sí, Venezuela está inmerso en una economía de guerra. Pero no por causa de una guerra externa sino por una interna. La guerra de la hegemonía roja en contra de la economía nacional. La hegemonía ha tenido todo el poder político y económico, ha recibido y despachado los mayores caudales de petrodólares en toda la historia del país, y la economía se encuentra en una situación de catástrofe, con el pueblo depauperado y en una trágica crisis humanitaria.

Es obvia, por tanto, cuál es la naturaleza de la economía de guerra que se padece. La mezcla de despotismo, depredación y corrupción sólo puede conducir al desastre. A un desastre de guerra. Al desastre de guerra que está terminando de destruir a la economía venezolana.

Jugando con fuego

El sistema circulatorio de un país, para decirlo de alguna manera, es su sistema de pagos, o lo que más se parezca a un sistema de pagos. Si este termina de colapsar, el país no puede sobrevivir sin que haya una situación de tan extrema ingobernabilidad, que sólo la imposición de la fuerza podría, siquiera, tratar de compensar. Venezuela entró hace tiempo en un proceso de grave deterioro del sistema de pagos, que, en nuestro caso, se lleva a cabo por los bancos que todavía operan en el territorio nacional.

Buena parte de ellos, estatizados, y transmutados en desastres administrativos, en los que la inercia y la paciencia explican que no haya implosionado de manera definitiva. Pero la estatización bancaria continua, más por razones políticas que por otras motivaciones, y quién ya paga los platos rotos es el venezolano pobre, que a duras penas puede cobrar o pagar a través del sistema financiero. ¿Qué le pasa al que juega con fuego? Se quema…

Irán no es Corea del Norte

Me refiero a algo muy concreto: Irán es una potencia regional, no porque esté a punto de tener armas nucleares –si es que no las tiene ya, sino porque es una nación histórica, de gran influencia en el Medio Oriente y además de una gran riqueza petrolera, bien manejada. Si no fuera por los misiles atómicos que controla a discreción Kim Jong-un, muy pocos se ocuparían de esa espantosa dictadura totalitaria. Además, Irán no se rige por una ideología política sino por un fundamentalismo religioso, que suele ser mucho menos flexible.

Pero Irán tiene poderosos adversarios. Israel y Arabia Saudita, para comenzar. El acuerdo de Obama no será renovado por Trump, aunque eso no necesariamente signifique regresar al estatus anterior de ruptura y sanciones radicales. Teherán cuenta con aliados en la Unión Europea que algo pesarán en Washington. Lo que sí es indudable es que los ayatolás saben muy bien que ya no tienen, ni de lejos, el mismo ambiente en la Casa Blanca.