Quinto Día Online
25 de Mayo del 2017

Una opinión, Cinco temas

Desde una posición de fuerza

Desde una posición de fuerza

Fernando Luis Egaña

flegana@gmail.com

 

 

En la lucha política venezolana no sólo son necesarios los valores y principios democráticos, sino la posición de fuerza para hacerlos valer. Esa posición se alcanzó en las elecciones parlamentarias de diciembre del 2015, pero se fue desdibujando, al menos en el discurso oficial de la vocería política de la oposición. Pero esa fuerza, casi año y medio después, se ha venido acuerpando de nuevo, con sobrado coraje y con un compromiso verdaderamente encomiable.

 

Esa fuerza permite que las exigencias de cambio no puedan seguir siendo ignoradas. Y todos a una, como Fuenteovejuna, tenemos que empujar en esa dirección. Con el norte en la superación de la hegemonía, en el cambio efectivo, en la apertura de una nueva etapa para la vida venezolana.

 

 

 

 

Se lo buscaron…

 

Los jerarcas del poder han abusado tanto en estos años de mengua, han cometido tantas tropelías, buena parte de ellos se han enriquecido tan descaradamente, otros han instigado represiones tan bárbaras, que a estas alturas sólo suscitan un rechazo cada vez más intenso y creciente por parte de la abrumadora mayoría de los venezolanos. Y después se quejan de que los increpen públicamente, sobre todo cuando se encuentran con grupos de venezolanos en el exterior.

 

Dentro del país permanecen dentro de sus burbujas de seguridad, protegidos del contacto externo, y en no pocos casos manteniendo un secreto hermético sobre dónde viven o dónde se reúnen. Pero ese sistema de seguridad no lo pueden reproducir fuera de las fronteras, a no ser que sea en Cuba, Bolivia, Nicaragua o alguno que otro país, cuyo gobierno todavía defiende a la hegemonía venezolana. Si pensaban que iban a disfrutar de impunidad para siempre, se equivocaron.

 

 

 

 

¿Quiénes son los ministros?

 

Revisando el “decreto de convocatoria de la constituyente de Maduro”, me tope con la larga lista de ministros, -más de 30- de los cuales la mayoría no sólo son poco conocidos o desconocidos en cuanto a figuras públicas, sino que además tampoco se conocen sus ejecutorias. Hay algunos ministros que duran semanas en los cargos, hay otros que van rotando de un ministerio a otro, como si tuvieran una capacidad multiplicada para desempeñar tareas muy diversas. Cosa que no ocurre en estos gabinetes que, en verdad, son lastimeros.

 

A comienzos del siglo XXI, un importante directivo de un organismo multilateral, especializado en América Latina, comentó que el “equipo gubernamental” de Venezuela, en ese entonces, era el más precario de toda la región. ¿Qué diría ahora? Quizás ni siquiera admitiría que pudiera hablarse de un equipo gubernamental propiamente dicho, en esta Venezuela derruida.

 

 

 

 

Promesas, promesas, promesas…

 

Maduro siempre hace promesas sonoras que, también, siempre incumple. En eso su récord es perfecto. Prometió bienestar -el llamado “buen vivir” de su predecesor- y terminó de hundir al país en una crisis humanitaria. Prometió superar el rentismo petrolero y ya de lo único que medio sobrevive la calamitosa economía nacional, es de la poquita renta que no es depredada. Prometió impulsar la producción nacional, y lo único que ha impulsado es la escasez. Prometió acabar con la inflación y la inflación está acabando con los esmirriados ingresos del conjunto de los venezolanos.

 

Prometió de todo, a diestra y siniestra, sin escrúpulos y con una demagogia tan o más delirante que la de su predecesor. Y nada de lo que prometió, lo cumplió. Nada. La gente lo sabe y por eso no le creen ni la o por lo redondo.

 

 

 

 

Trump en problemas

 

Es que una cosa es el servicio público y otra los negocios. Cuando se mezclan, los resultados suelen ser negativos. El que una persona dedique su vida a la carrera de servicio público no es garantía de que contribuirá al bien común. De hecho, gran parte de los horrores del poder los perpetran políticos profesionales. Pero el que una persona dedicada a los negocios –algunos de dudosa procedencia—acceda a los más altos cargos del poder público, en su respectivo país, ofrece un amplio margen para la confusión, el conflicto y variados tipos de consecuencias indeseables.

 

Tal parece que ello le está pasando a Donald Trump. Hasta ahora su balance en la Casa Blanca es, cuando menos, extremadamente polémico. Y el problema de fondo acaso no tenga solución. Trump es un businessman que ha incursionado con éxito en la política electoral. Pero el gobierno es otra cosa.