Quinto Día Online
23 de Marzo del 2017

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Crece el desajuste en la producción de alimentos

Crece el desajuste en la producción de alimentos

No hay indicios de que se recuperará la producción agrícola y las limitaciones para importar apuntan a que seguirán los problemas de oferta

 

 

Víctor Salmerón

 

 

Desde hace tres años la alimentación se ha convertido en la principal preocupación de los venezolanos. Los precios aumentan a una velocidad centelleante, el desabastecimiento obliga a largas colas para comprar productos básicos y la cantidad de personas que no se nutren adecuadamente crece rápidamente.

 

Nada lleva a pensar que en el corto o mediano plazo pueda aumentar la oferta de alimentos, una condición clave para que los precios detengan la escalada y disminuya el desabastecimiento. El pasado 8 de marzo la Confederación Nacional de Asociaciones de Productores Agropecuarios (Fedeagro) advirtió que la falta de fertilizantes, semillas y agroquímicos apunta a que no habrá recuperación de la producción.

 

“A pesar de habernos anticipado presentando los requerimientos de insumos al Ministerio, a la fecha no disponemos de un solo kilogramo de fertilizante, tampoco se ha concretado con los proveedores internacionales la compra de semilla, especialmente la de maíz, sorgo, hortalizas, soya y la de pastos; igual suerte corre el abastecimiento de agroquímicos. El tiempo conspira en nuestra contra. Para esta fecha en 2016 teníamos acopiado en los depósitos de nuestras asociaciones más del 30% de esos insumos”, dice Fedeagro.

 

Agrega que “la logística para aprovisionarnos de los insumos requiere de un proceso de planificación previo que parece no haberse cumplido. A manera de ejemplo, para suplir 15 millones 650 mil 300 sacos de fertilizante antes del 15 de abril, época de inicio de las siembras de invierno, se necesita despachar desde Morón 711 gandolas diarias de 30 toneladas cada una. Con cero inventario, simplemente las fechas no dan. Pero además del fertilizante, todas las semillas y los agroquímicos deben despacharse desde Morón y Cagua al resto del país”.

 

Otro aspecto a tomar en cuenta es que “a la problemática del desabastecimiento de insumos se agrega la pretendida intención de quitarle a Pequiven la venta y distribución de fertilizante (empresa que lo estaba haciendo efectivamente y que durante los últimos 8 años nos brindó transparencia y depuración de los actores productivos) y pasarlo a Agropatria por razones que no entendemos, pero que ya el año pasado lo experimentó con un grupo de asociaciones anteriormente atendidas por Pequiven con resultados muy negativos”.

 

Los problemas para comenzar a sembrar este año podrían agravar una situación que ya es crítica. “Estamos abasteciendo el consumo de maíz blanco en un 31%, de maíz amarillo en un 36%, de arroz en un 36 %, de azúcar en un 21% y café en 32%”, dice Fedeagro.

 

La consecuencia es que “en conjunto, estos cinco rubros aportan el 33% de la demanda interna y alcanzan en promedio para cuatro meses de consumo, acentuándose la dependencia de las importaciones. Es importante referir que Venezuela en años recientes se autoabastecía de maíz blanco, arroz, café, y en azúcar el aporte nacional superaba el 65% del consumo”, recuerda Fedeagro.

 

La industria

 

Datos de la Cámara Venezolana de la Industria de Alimentos (Cavidea), organismo que agrupa a las empresas privadas que elaboran alimentos procesados, indican que este sector tampoco marcha de manera satisfactoria.

 

Las últimas cifras disponibles indican que durante los primeros diez meses de 2016 en promedio, la producción de las empresas afiliadas a Cavidea experimentó un declive de 21% respecto al mismo lapso de 2015. Al evaluar el desenvolvimiento por productos específicos surge que la producción de arroz cayó 13%, harina de maíz 25,5%, harina de trigo 12,7%, pastas 22,8%, aceites 21,8%, margarina 61%, mayonesa 49,7%, azúcar 9,8% y salsa de tomate 16,1%.

 

La producción cae en un entorno donde el gobierno ha recortado drásticamente la asignación de divisas al sector privado, por lo que las empresas no tienen cómo importar la materia prima y los insumos que necesitan para producir. A esto se añaden precios controlados que no permiten cubrir los costos de producción y factores como fallas en el servicio de energía eléctrica.

 

En Venezuela, 96 de cada 100 dólares que ingresan al país provienen del petróleo, y tras no ahorrar durante el prolongado boom de altos precios del barril, endeudarse masivamente, vaciar las reservas en efectivo del Banco Central y gastar en proyectos que no son capaces de exportar, el gobierno se ha quedado sin suficientes divisas. Analistas consideran que para disminuir el costo de este desajuste, la administración de Nicolás Maduro ha podido implementar un plan de financiamiento, renegociar los pagos de la deuda y aplicar un programa de reformas estructurales, pero ha optado por un profundo recorte en los dólares que asigna al sector privado.

 

Los precios

 

Las últimas cifras del Banco Central desnudan que entre 2013 y 2015 el precio de los alimentos y bebidas no alcohólicas registró un salto de 739% que impactó con fuerza a la gran mayoría de las familias, sobre todo a las de menos recursos, que destinan la mayor parte del ingreso a la compra de comida.

 

Firmas de análisis y entidades financieras proyectan que en 2016 el precio de los alimentos registró un salto superior a 500% con lo que aumentó la cantidad de familias que no pueden cubrir sus necesidades básicas. La Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) elaborada por la Universidad Católica Andrés Bello, la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar indica que la pobreza medida por ingresos arropa a 81,8 de cada 100 hogares del país, la magnitud más elevada desde 1975, año en el que comenzaron las mediciones de este tipo.

 

El gobierno

 

Presionado por la escasez de alimentos, medicinas y productos de cuidado personal, el presidente de la República, Nicolás Maduro, ha optado por aumentar el poder del sector militar en la economía. El 11 de julio de 2016 la creación de la Gran Misión Abastecimiento Soberano le entregó amplios poderes al ministro de la defensa, Vladimir Padrino López, para tomar decisiones en el campo agroalimentario, producción y distribución de fármacos y la industria de productos de higiene personal y cuidado del hogar.

 

Además creó los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), que en teoría garantizan que las familias de cada comunidad adquieran al precio controlado una bolsa con alimentos básicos.

 

El problema es que la medida no ataca la raíz del problema que es la caída en la producción de alimentos y se limita a cambiar la distribución, por lo tanto, el desajuste ha seguido intacto y, todo indica, en aumento.