Opinión

“Costumbres en extinción”

28 septiembre, 2018 | 12:00 am

Hay una serie de costumbres que por estar desapareciendo, es necesario preservarlas. Una casi enterrada, es la de la “visita” con sus múltiples manifestaciones; otra de gran raigambre es la de la “tertulia”; sigue en el mismo orden la “sobremesa” y, dentro de todas ellas, un indispensable elemento de la convivencia humana que está sin embargo, dispuesto también a desaparecer, que es el “saludo”.

La visita estaba constituida por la movilización de una familia o parte de ella, a la casa de otra. Generalmente eran anunciadas, es decir, se sabía desde tempranas horas de la mañana que el “Señor Cachilapo”, su esposa e hijos vendrían de visita en la tarde.

La visita era muy bien acogida pero pasada hora y media, llegaba el momento en que era necesario ir a buscar una escoba para ponerla por detrás de la puerta, artilugios infalibles para que se dieran de alta.

La tertulia, era la manifestación más varonil de todas, no por su contenido, sino por ser exclusiva para los hombres. Generalmente, se celebraba en un local público, llámese “botiquín” o “cafetería”, oportunidad para conspirar y comunicarse los chismorreos relativos a los amigos ausentes. También podía “componerse el mundo”; opinarse sobre arte, política, teatro, farándula y deportes. Estaba siempre acompañada de un buen vaso de anís o de cualquiera de esos rones criollos o importados bebidos con entereza, sin mezcla alguna.

La sobremesa, era la más preciada de las formas de educación en familia, por cuanto, concluido el almuerzo o la cena llegaba el momento en que el padre pontificaba sobre los valores a los cuales los miembros de la familia deberían someterse; sobre el futuro profesional y las perspectivas inmediatas (adquisiciones, viajes y mudanzas). A pesar de que muchas sobremesas terminaron en peleas, en ella se forjaron los grandes caracteres, a través de la comunicación, ese fluido mágico que es la palabra.

Llegamos así al saludo. Todos me dirán que cómo es posible que coloque al saludo dentro de las especies en extinción, pero es que está destinado, por el camino que va, a ser un ejemplo elocuente de cómo desaparece una institución, aun cuando subsista en la más pobre de sus manifestaciones.

El saludo es una formalidad con el cual una persona hace notar a otra su presencia, como preámbulo de vínculos más estrechos. El saludo no es así solo la manera como se formaliza el encuentro, sino que tiene una finalidad de socialización e información.

El saludo puede darse con un simple “bueno días”, o hasta con el insignificante “chao”; puede expresarse con los brazos, con las manos, con el apretón de mano, o con el acercamiento que implica el intercambio real o fingido de un beso. Esto del beso de saludo, es algo muy variable en su número. Entre nosotros era uno solo, pero en otros países, son dos o tres, variando en ellos el orden en que se comienza, si es por la izquierda o por la derecha.

El saludo es una de las manifestaciones más hermosas de la sociabilidad porque a través del mismo un ser humano, al comunicarse con otro ser humano, le hace saber que aprecia su presencia; e incluso, puede significar una invitación tácita a una relación más profunda.

En Venezuela se está extinguiendo rápidamente. Es común que en el ambiente social donde te encuentres, la señora, el adolescente o el caballero, henchidos de soberbia, entren al salón donde eres el único presente y no tengan la cortesía de decir buenos días, es decir, te ignoren como se ignora al matero donde se encuentra la palmera de la entrada.