Internacionales

Continúan bombardeos en colegios y hospitales de Siria

23 febrero, 2018 | 7:36 am

Un rugido ensordecedor que da paso a un golpe seco, contundente y letal. Así son los días y las noches en el distrito opositor de Guta Este, a las afueras de Damasco.

Cientos de personas han muerto o sufrido heridas alrededor del facultativo desde el domingo, en una de las mayores matanzas de la sangrienta guerra en Siria. Una situación que muchos asemejan a la de Alepo, a finales de 2016.

“Puede que estemos en el mismo escenario de Alepo. Es un asalto en el que se están matando simples civiles. Se está destruyendo todo, incluidos mercados, hospitales y escuelas”, denuncia Abu Bashir, desde el barrio de Saqba, uno de los que ha sido testigos de esta tragedia nacional y que la han catalogado como “la fase más mortífera en siete años de guerra”.

“Las organizaciones internacionales son débiles. Son incapaces de ponerse en nuestro lugar”, criticó un doctor, mientras añadió que “dos cazabombarderos sobrevuelan su hogar”.

Abusando de una táctica militar vieja, como las guerras, el gobierno de Bashar Asad y sus aliados trataron de quebrar la reticencia de los grupos armados opositores a rendirse, matando a docenas de civiles por tierra y aire. La historia se repite en Guta Este. Los proyectiles llevan semanas lloviendo copiosamente sobre Guta, hogar de al menos 350 mil asediados. Más de 700 personas han muerto en los últimos tres meses, según recuentos locales. Desde el domingo pasado hasta ayer, entre rumores de un asalto inminente de fuerzas leales a Asad, el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, una organización pro-opositora que informa en base a una red de activistas sobre el terreno, elevó a 194 el número de fallecidos y a más de 500 el de heridos.

Siria sin recursos médicos

“Mis hijos, de tres y dos años, me preguntan por qué nos atacan así. Cuando oyen el ruido de los cohetes se quedan silenciosos, en shock, y vienen corriendo a mis brazos”, dice Abu Bashir, lamentando que el trabajo frenético atendiendo a las víctimas de los bombardeos, no le permite apenas estar con su familia. Su labor médica puede costarle la vida.

La Organización Médica Sirio Americana (SAMS), informó que tras los ataques a siete instalaciones sanitarias de Guta. La de Mary, donde murió un médico, quedó impracticable. “No tenemos sérum anestésico, morfina o antiinflamatorios”, alerta él, “los doctores están teniendo que operar con instrumentos reutilizados, y empleando medicamentos caducados”. Tal escenario, asevera el galeno, “es el del Día del Juicio Final”.

Igual de horrorizados están los responsables de Unicef, tras noticias como el relato de un colaborador de la Agencia France-Presse en Guta, en el que explicaba cómo tenían que llegar a guardarse los cadáveres de los pequeños muertos en neveras.

Tanto, que la agencia de la ONU para la infancia emitió un comunicado en blanco, con una serie de entrecomillados vacíos, dando a entender que faltaba texto, culminados por una explicación: “Ya no tenemos palabras para describir el sufrimiento de los niños y nuestra indignación”. “La comunidad internacional debe adoptar sus responsabilidades. Detener este río de sangre y la hambruna. Son crímenes de guerra”, rogó Abu Bashir.

“El acceso a ayuda humanitaria debe abrirse inmediatamente, la comida y las medicinas deben ser traídas y los bombardeos deben detenerse”, insistió. Pero al otro lado sigue el silencio. La guerra siria, convertida en conflicto de intereses extranjeros, se ha retorcido tanto que hasta sus mesas de resolución han degenerado en meras plataformas proselitistas, incapaces de pararla.

Desde la caída de Alepo, Bashar Asad y sus principales soportes, Rusia -clave en los bombardeos aéreos y en la rehabilitación internacional de la figura del presidente Asad- e Irán -que ha proporcionado financiación y combatientes a un aliado crucial en la región- se han erigido como vencedores. Pero, principalmente en una franja sureña, en la provincia de Idlib y en Guta, una amalgama de opositores de todo tipo, entre ellos algunas brigadas radicales e incluso fieles a Al Qaeda, han mantenido sus posiciones.

Según las autoridades sirias, el asedio salvaje a Guta -donde mataron a mil 300 personas con un ataque de gas sarín en 2013- responde a la necesidad de acabar con los “terroristas” apostados allí, quienes, según la agencia SANA, mataron ayer a un civil e hirieron a nueve con sus proyectiles de mortero sobre zona oficialista. Los civiles, cuyo apoyo a unos y otros es desigual y responde primariamente a un interés de preservar su vida y sus posesiones, siguen siendo los grandes damnificados del averno sirio.