Entrevista

Confesiones de un obispo

13 abril, 2018 | 12:00 am

-En este momento, cuando usted analiza la situación de la Iglesia católica, ¿cree que la gente ha perdido la fe?

-No, yo creo que la gente sigue confiando en Dios, sigue poniendo en él su corazón, sus sentimientos, aún en medio de las adversidades y problemas en que vive. Cuando ya no tienen seguridades en otras cosas en las que tal vez muchas personas habían querido construir su confianza, como en el dinero, en otras seguridades de tipo material, también se da en el pueblo venezolano una vuelta a Dios, una conversión a Él, que le hace entender el sentido más profundo de las cosas. O sea, puede ser que la barca se esté agitando, se esté moviendo en el mar, pero sin embargo no estamos solos. Dios está con nosotros y Él tiene poder también para calmar las inquietudes de nuestro corazón y también para ayudarnos a dar respuestas a las dificultades que vivimos en nuestra sociedad.

-¿Usted siente una sociedad más unida, más solidaria en este momento en Venezuela?

-A pesar de todas las dificultades, hay muchísimas más pruebas de solidaridad de las que uno se imagina. Una de las iniciativas, por ejemplo, que ha llevado la Iglesia católica en los últimos años es la llamada Olla Solidaria, que es una especie de comida para las personas más necesitadas y más pobres de la comunidad, para la población más vulnerable, como podían ser los niños, o como podrían ser los ancianos. Usted no se imagina la cantidad de gente que contribuye a esa olla.

-Usted es el obispo de la zona oeste de la ciudad.

-Sí, soy el obispo auxiliar de Caracas, al que corresponde acompañar a las comunidades cristianas del Oeste de la ciudad.

-¿Cuál es su experiencia en esas comunidades con la gente?

-Bueno, si mi experiencia es una experiencia pues, primero, descubrir comunidades con fe, vivas, dinámicas que quieren ser el fermento de cosas nuevas, la realidad propia que proclama y anuncia el Evangelio, en medio de situaciones difíciles de inseguridad, de violencia, también de las carencias propias que vive nuestra sociedad en este momento. Gente que en Catia, en el 23 de Enero, en Antímano, en Caricuao o en Macarao, ya sea en los centros urbanos o en los barrios más escondidos en las montañas del oeste de la ciudad, hacen presente allí la confianza en Dios y la esperanza en construir un mundo mejor. Eso es lo que yo todos los días vivo. Vivo también el sufrimiento, el dolor de las personas que se ven golpeadas por una situación difícil, que tienen muchas inquietudes, que ven también las consecuencias que ello trae en la vida de su familia, de las dificultades que tienen para poder hoy educar a sus hijos. Las separaciones, que también se dan en las familias en estos lugares, porque también hay gente de esos lugares que parten fuera de Venezuela y no son pocos, son muchos los que habitan en los sectores populares de Caracas, que también van en busca de mejores condiciones de vida a otros países.

-En esos diálogos con la gente de pueblo, ¿qué es lo que más le pega a un obispo como usted, con una condición social bien pronunciada?

-Yo creo que hay que poner de manifiesto las cosas buenas que hay en la realidad del pueblo venezolano. Muchas veces solo se ponen de manifiesto las cosas duras, difíciles, yo creo que hay que reconocer –como decía antes—que hay muchos gestos de solidaridad, muchos gestos de trabajo a favor de la comunidad, hay muchos gestos también de capacidad de diálogo, de encuentro entre la gente, de resolución de sus conflictos. Eso no quita que también y cada vez es más interpelante para la conciencia de un pastor de la Iglesia, de un obispo, el sufrimiento de la gente. Hay gente que está pasando graves carencias, hay gente que no puede llevar a sus hijos a la escuela porque no tienen cómo llevarlos, porque hay problemas de transporte, no tienen cómo darles una merienda para que vayan al colegio, o no pueden darles el desayuno para que puedan estar toda la mañana en clases.

¿Ellos sienten el eco de la conflictividad política en su ambiente?

-Sí, también.

¿Hay confrontaciones?

-Sí, hay confrontaciones por las diversas posiciones políticas que se dan también en nuestra sociedad. Aunque yo creo que a nivel de base, en nuestro pueblo cuando la gente tiene que compartir los mismos problemas, las mismas necesidades, hay cosas que se pueden superar o que sabe la gente superar, desde esa misma capacidad de compartir.

-¿Y esa inquietud se la expresa la gente a usted cuando están conversando con su obispo, con su pastor?

-Sí, mucha gente a lo mejor cree que el obispo está en una Iglesia reservado de los demás, o en una oficina. El obispo es fundamentalmente alguien que acompaña a la gente. Acompañamos a los sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas, estamos prácticamente un día en una parte y un día en otra, por decir.

-Yo hablaba con el padre Alfredo Infante, jesuita, él es de La Vega.

-Él trabaja en la parte alta de La Vega, la parroquia San Alberto Hurtado.

-Él es de La Vega y tiene una experiencia muy fascinante desde el punto de vista humano y conversa con la gente y él me decía que también en La Vega se siente el impacto de la crisis, se siente la protesta, aunque también ahí se siente el reconocimiento en algunas partes.

-Sí, ahí hay una real molestia por la situación, creo que nuestro pueblo tiene conciencia que este no es el estado de cosas que quiere para sí mismo, que esta no es la forma que quiere para vivir en sociedad, que esto no es lo que ellos quisieran para sus hijos, o sea, en la gente más sencilla también se manifiesta esa molestia.

-¿Qué piensan allá de la dirigencia política?, llámese gobierno, llámese oposición, ¿se sienten representados en su liderazgo?

-Crece el cuestionamiento hacia las dirigencias políticas, ya sea del gobierno, como también las posibilidades de una alternativa distinta, pueden ofrecer a su pueblo. O sea, la gente mantiene una conciencia crítica ante la posición de la dirigencia política.

-Me decía el padre Alfredo Infante que él había observado que con motivo de los CLAP la gente lo recibía, pero que no estaban contentos, la gente se siente que no es sujeto de dádiva.

-Sí, evidentemente el pensar que nuestro pueblo está simplemente conforme con que le regalen las cosas, es falso. O sea, yo creo que los padres de familia estaban acostumbrados a trabajar para dar de comer a sus hijos, lo que quisieran es encontrar unas oportunidades de trabajo suficientes, adecuadas para poder seguir cumpliendo ese rol.

-Por ejemplo, cuando aquí se habla de colectivos, ¿ese término está bien utilizado?

-Dentro de las comunidades hay personas organizadas para diversos servicios dentro de los programas sociales del Estado. Hay también personas organizadas para controlar de alguna manera la dinámica interna, a lo mejor por vías que no son propiamente legales, que son aquellos que utilizan la vía de la violencia, la vía armada para mantener una supremacía sobre unos determinados sectores. Esa supremacía puede ser en razón del comercio de la droga en ese sector, el poderío en el ámbito de la delincuencia, sea con más o menores connotaciones ideológicas.

-¿Pero hay zonas controladas totalmente por esos sectores?

-Bueno, hay zonas donde por ejemplo, en el 23 de Enero es muy evidente que hay amplios sectores con cámaras de televisión, en el cual la población evidentemente está bajo el control de alguna autoridad, que no es propiamente la autoridad del Estado. O sea, que son grupos particulares que tienen una influencia mayor en el territorio.

-¿Cómo es la vida de un párroco ahí, que vive y convive ahí todo el día, permanentemente con esa gente?

-Un párroco aparte de los oficios religiosos que tiene que realizar, tiene que también hacer la cola para poder adquirir los alimentos, o sea, el párroco tiene que dialogar con todos, porque es también pastor de todos, o sea, se acerca a las diversas expresiones de vida de la comunidad. Hoy, prácticamente no se pueden hacer actividades de noche porque la gente, en primer lugar, tiene miedo y después no tiene la posibilidad de volver a sus hogares, porque tampoco hay transporte a una determinada hora, como para trasladarse desde la iglesia al sector donde vive. Hoy también se ven afectadas las actividades normales de la iglesia porque muchos papás no pueden llevar a los niños a lo mejor a la instrucción de la catequesis, porque tienen dificultades para el transporte, cada día es como más evidente que el transporte se convierte en un problema serio en nuestra sociedad y particularmente, aquí en Caracas.

-Me dicen que no sólo en los barrios, aquí en Altamira, en La Castellana, en otros sectores se producen muchos robos en las iglesias.

-Sí, normalmente los templos se ven afectados porque las personas quitan los equipos de sonido, o piensan que hay alguna cosa de valor en las iglesias, muchas veces, incluso, causan destrozos dentro de las iglesias, en el momento que entran para sustraer algunas cosas, sí. Muchas instalaciones de las iglesias y los tempos mismos se ven afectados por este fenómeno dela inseguridad.

-Se han llevado hasta los cálices, me dicen.

-Sí, en algunas ocasiones y también rompen el sagrario donde se conserva el Santísimo Sacramento, o se llevan algún objeto litúrgico, creyendo que tienen un valor y realmente son todos objetos sencillos, más bien de la piedad de la gente.

-¿Qué piensa monseñor cuando le dicen desde el gobierno que la Iglesia es un partido político, la jerarquía eclesiástica y que no quieren hablar sino con los párrocos, los curas, que llaman ellos los verdaderos curas?

-Sí, bueno, nosotros no tenemos ninguna intención política, estamos muy claros que nuestro papel es para todos, queremos servir a todos. Lo que hacemos nosotros es predicar el Evangelio, que en la predicación del Evangelio es necesario denunciar las situaciones que van en contra de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios y los derechos de esa misma persona, pues lo seguiremos haciendo. Nosotros no estamos en contra de nadie, estamos a favor del pueblo venezolano, del cual formamos parte y con el cual compartimos diariamente nuestra vida. Lo hacen los sacerdotes, lo hacen los religiosos –como dije antes—y lo hacemos también los obispos en cada una de nuestras circunscripciones.