Cartas del Lector

Choros, sociedad internacional ilimitada

7 septiembre, 2018 | 12:00 am

Que esa sociedad, de anónima nada tiene: sus socios más conspicuos son archiconocidos, llegaron al poder luego de venderse durante campañas políticas populistas, prometiendo el oro y el moro.

El leit motiv era que ellos se iban a encargar de que el Estado proveyera con abundancia a los ciudadanos porque las arcas nacionales iban a abastecer a todos con alimentos, educación y salud. Después de acceder al poder gracias a esas añagazas, en sus respectivos países formaron una suerte de comandita para apropiarse de los dineros públicos.

Todo ello, bajo el patrocinio del Foro de Sao Paulo, la dirección y bendición de Fidel, y los auspicios del pródigo “sabanetense” que derrochaba el tesoro nacional en corromper lo poco que quedaba sano en Venezuela y en comprar amigos en todas las latitudes. Esto último les abría un abanico de oportunidades para hacer “negocios” con los cuales incrementar mutuamente sus peculios.

Demos una vueltica por algunos países de América Hispana y observemos a algunos de los actores de lo que ha llegado, devenido en un drama por la depauperación ciudadana.

Al ladito nos encontramos con Lula Da Silva, quien no solo tuvo dos mandatos presidenciales sino que dejó a su jefa de gabinete, Dilma Rouseff, como su sucesora.

En ese dar y dar sin otra contraprestación que el voto para ellos, suministraban gratuitamente la “Bolsa Familia”, el equivalente de los CLAP de por aquí, a casi una cuarta parte de la población. ¿Era necesario subvencionar a cincuenta millones de brasileros permanentemente? No, pero los “retornos” de esos chanchullos lo justificaban. Como eso, los escándalos de Petrobras y de Odebrecht, para mencionar solo dos.

En Argentina, el dueto Kirchner estafó a la nación como le dio la gana. Cosa que estaban haciendo mucho antes de llegar a la presidencia, cuando el “tuerto” era gobernador de Santa Cruz. Ya por esos tiempos ambos empleaban la complicidad con Lázaro Báez para sisar.

A Néstor le gustaba la guita contante. Hay un video donde se le ve abrazando la puerta de la bóveda blindada que mandó a hacer en su casa para guardar sus ahorros. Y otro, donde aparece Máximo, el vástago del dueto, presenciando como una media docena de “asociados” comprueba fajos de dólares con maquinitas bancarias de contar billetes. Es que eran tantos… Cristina, su viuda y sucesora, completó la faena: su gobierno se caracterizó por el “capitalismo de amigotes”.

Nicaragua y Daniel Ortega son motivo de titulares todos los días. Siguiendo la misma receta fidelista que tuvo éxito con las reelecciones de Evo y Correa a pesar de los impedimentos constitucionales existentes, el pedófilo se lanzó y fue reelecto (por la división de la oposición) para un nuevo período.

El grueso de la población no desea ni el programa sandinista inspirado en el sistema castrista de su primer período, ni las triquiñuelas para robarse parte del tesoro que caracterizó su segundo (y el actual). Junto a su enjoyada, alcahueta y compañera, Rosario Murillo, se ha empeñado en una guerra contra sus adversarios que ya sobrepasa los trescientos muertos.

¿Qué tienen en común los tres casos narrados? Que en ellos hay personas que están dispuestas a hacer la vista gorda ante las pruebas. En nuestras latitudes hay gente que tiende a creer que el latrocinio es algo que merece la pena capital —aun si solo hay una sospecha— en un antagonista político; pero un mero pecado venial si los cometen sus copartidarios. Entre nosotros abundan.

Humberto Seijas Pittaluga
hacheseijaspe@gmail.com