Cartas del Lector

Caverna, mito y realidad en Cuicas

2 febrero, 2018 | 12:00 am

Platón ilustró la realidad de un idealismo práctico, con un grupo de seres que habitaba una caverna y vivía de espaldas a la realidad. Mirando la pared, detrás de ellos había una hoguera; unas figuras se levantaban por encima del muro, reflejándose en la pared como sombras luminosas. Estas personas no conocían más que esas sombras. Uno de los cavernícolas comenzó a preguntarse de dónde venían tales figuras. Pensó, luchó y al final se soltó y vio que la situación era otra: salió de la caverna y vio que el escenario era bello, veía colores, figuras nítidas y después comprendió que allí afuera el sol daba vida; lo mismo que dentro de la caverna, la hoguera era vida. Bajó a contarle al resto de los cavernícolas, pero no le creyeron. Respondieron que lo único que existe está allí dentro y al final lo mataron, pues somos reacios al cambio. Igualmente, en ese pueblo de Cuicas, mi amigo, el coronel, profesor, pariente y paisano Segundo Gil Vargas, fundador y asesor del Grupo Pichincha se acercó civilizadamente a unos jóvenes de El Vigía de Cuicas, quienes tienen cerca de 20 años coexistiendo con una situación de escasez, penurias y crisis.

 

El coronel Gil Vargas les informó que esto no era así; antes se podía adquirir dólares y viajar al extranjero, – yo he viajado por casi todo el mundo, viajaba a menudo a Rio de janeiro; hoy ni siquiera a Río Chico puedo ir. Con 2 mil bolívares, se adquiría un auto, podía comprar en la más humilde pulpería caraotas, ñema y tajá; se podía comprar una bestia bien aperada, no había mañosos, con un fuerte (salario de un día) se hacía un mercado para una semana. Hoy, con el sueldo de una semana, no alcanza para comer un día. Los jóvenes no le creyeron y lo echaron del caserío por enemigo del socialismo revolucionario y por ir en contra de su “oscura” realidad conocida. Gil Vargas estuvo a punto de ser linchado. Se encomendó al ánima de Platón, quien murió por sus ideas al querer enseñar el camino de la verdad, e hizo un símil entre la relación de la oscuridad de los jóvenes y la ideología impuesta en el mundo de las ideas castro-comunistas; es decir, la naturaleza de colas, escasez y penuria triste y oscura al contraste con las ideas plurales, racionales de oportunidad y calidad de vida para jóvenes que creen en un futuro mejor. Mi coronel quería inculcar el bien con causas honestas, justas y de respeto; en un pueblo real engendrado de luz solar; y, en el ámbito racional, generador de verdad e inteligencia; realidad que es necesario ver para obrar con fe y sabiduría. Se puede entender este mito para jóvenes que no han visto otra cosa que el sistema actual de gobierno, y adultos que no han salido de El Vigía, pero, ¿cómo entender que mayores que vieron la luz del sol en Cuicas, Chejendé y Carache entre otros; hoy acepten vivir bajo las sombras de una lámpara de kerosene?

 

Hugo Hernández

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