Quinto Día Online
18 de Noviembre del 2017

Cartas del Lector

Carta a Venezuela

Carta a Venezuela

Tengo apenas 26 años y perdí la cuenta de las veces que he salido a las calles a tratar de manifestar de manera pacífica mi descontento con el gobierno actual.

 

He corrido, he llorado, he gritado, me han golpeado, he sido valiente y al mismo tiempo cobarde. He sido testigo de la represión tan absurdamente brutal por parte de los cuerpos de seguridad del Estado y si me preguntan, volvería a hacerlo las veces que sea necesario con tal de ver a mi país libre.

 

Venezuela es mi casa; en ella están mis memorias, mis ancestros, los recuerdos de mi vida y mi presente. En ella nací y crecí, pude estudiar y tener la dicha de convertirme en una profesional que sueña con aportar su granito de arena para mejorar esta situación que parece no tener fin. Aquí me enamoré, me desilusioné, he podido demostrar mi fuerza y mi fragilidad, aprendí a decir buenos días a los desconocidos y a tender mi mano al que lo necesita.

 

Venezuela es cálida y familiar, un paraíso al norte del sur. Un país que le abre las puertas a todo el que desea pisar sus tierras; un país al que rápidamente puedes convertir en tu hogar, aún y cuando tus orígenes estén a miles de kilómetros de distancia.

 

En este país la familia suele ser incondicional, los desconocidos rápidamente pueden convertirse en amigos y los amigos en familia. Virtudes le sobran a esta tierra bendita, los paisajes más hermosos del continente y podría decir que del mundo entero se encuentran aquí.

 

Venezuela merece demasiado la pena, las lágrimas, los intentos fallidos, los desvelos y las preocupaciones.

 

Un país que se ha ido desvirtuando por culpa de las ambiciones personales, de la política sucia y barata y que actualmente es de esos amores que sabes que son para toda la vida, pero que sueles confundir con la costumbre y por razones obvias a veces deseas abandonar sin dar marcha atrás.

 

Cuando me detengo a pensar, en este, mi país; me doy cuenta que no hay manera de dejar a un lado algo que amas con tanto de ti. Es de esos amores que te penetran hasta los huesos y que no existirá despecho en la vida que te haga olvidar un sentimiento tan grande y puro.

 

La situación actual hace que cada vez sea más difícil de mantener ese deseo de seguir envejeciendo en estas tierras. Las oportunidades cada vez se hacen menores y la desesperanza gana terreno ante la incertidumbre de no saber qué pasará.

 

La violencia gana cada vez más terreno y parece acostumbrarse rápidamente a vivir como parte del día a día.

 

El venezolano, aun viviendo en un país tan rico como este, se vuelve cada vez más pobre, más egoísta, más chanchullero y miserable.

 

Hoy solo quiero seguir teniendo la firme convicción de que después de la tormenta siempre llega la calma. Hoy solo quiero poder dormir pensando en que mañana será otro día, uno mucho mejor que el de ayer.

 

Hoy más que nunca creo que vale la pena seguir luchando para recuperar eso tan bonito que no deseo que quede en el recuerdo. Aún puede ser realidad, aún podemos dar lo mejor de nosotros para hacer de Venezuela al mejor país del globo terráqueo.

 

Seguiré saliendo a protestar pacíficamente, seguiré trabajando y dando lo mejor de mí. Porque mi país, tu país, merece demasiado los intentos fallidos que quizás nos acerquen a esa luz que necesitamos al final del túnel.

 

La mejor manera de mejorar lo externo es empezando a cambiar lo interno. Despierta cada día con tus sueños claros, lucha en contra de tus miedos y no desistas en los intentos fallidos. Nunca olvides que este podría ser el mejor día y que los grandes cambios siempre vienen acompañados de una fuerte sacudida. No es como piensas, esto que vivimos no es el fin del mundo pero si puede convertirse en el inicio de uno nuevo.

 

 

Gabriela Hernández

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