Cartas del Lector

Boconoíto en el concierto de los pueblos provincianos

9 febrero, 2018 | 12:00 am

Según don Liborio De la Torre, “la historia de los pueblos se escribe desde los umbrales de la poesía”. Hablar de este tema en realidad nos apasiona, aunque es bueno decir, que desde esta perspectiva, el mismo ha sido abordado, discutido, conversado y estudiado en escenarios locales, e igualmente expuesto en algunos eventos académicos que se desarrollan en la geografía llanera, como por ejemplo; coloquios regionales de literatura, encuentros de escritores llaneros y simposios de historia de los llanos colombo-venezolanos, donde aspectos los memoriosos de espacios geográficos, geohumanos y políticos son tratados con fruición y rigurosidad erudita.

 

El filósofo colombiano Germán Pinto Saavedra, con la autoridad que le otorga el haber investigado durante más de tres décadas sobre las más distintas fachadas de la cultura llanera, abundando sobre la importancia y significado de la poesía popular de los llanos y, cumpliendo su rol de cronista y albacea de la memoria, expresó: “La poesía popular de los llanos, es una manera de filosofar desde una condición ‘analfabética’, con la cual nuestra cultura ha resistido siglos de imposiciones y aun se mantiene indemne”. Es decir, ahí subyace parte importante de nuestra cotidianidad.

 

“Nosotros –explicó más adelante el mismo Saavedra- los que nos hemos dado a la tarea de revisar las más clásicas estructuras del romance, la glosa, el soneto y otras formas practicadas en los llanos de Colombia y Venezuela, así lo hemos observado, pues esa poesía es un signo muy fiel de nuestra identidad como región, la cual es basta en extensión, recursos naturales e hídricos y otras riquezas como la paisajística, pero que a nuestro juicio, el acervo histórico y cultural es su mayor patrimonio”.

 

A la pregunta que formulara un acucioso periodista, “¿la historia regional está estrechamente ligada a la poesía o viceversa?”, respondió enfáticamente Pinto Saavedra: “Sí, la historia de los pueblos, no solamente está pincelada en poesía, sino que ha sido escrita por los poetas y trovadores populares de todos los tiempos. Además, es sabido y fácilmente demostrable que la identidad de los pueblos, llaneros, sobre todo, se construye con base en la imagen que estos irradian, y que sus hijos resaltan en canciones, ‘corríos’ (romances), pasajes y contrapunteos, algunos de los cuales se convierten en íconos o estampas, que con el paso del tiempo se constituyen en base de sus identidades, como por ejemplo; Elorza (“Fiesta en el Elorza”, de Eneas Perdomo); Guanarito (“Leyenda ‘El Silbón’”, de Dámaso Delgado); Calabozo (“Palmares de Calabozo”, de Enrique de Pujol); Achaguas (“Semana Santa en Achaguas”, de Eneas Perdomo); Barinas (“Linda Barinas”, de Eladio Tarife); Arauca (“Atardecer en Arauca”, de Francisco Montoya); Casanare (“Catira Casanareña”, de Dumar Aljure) y los himnos ‘Ay mi Llanura’, de Arnulfo Briceño y ‘Alma Llanera’ de Rafael Bolívar Coronado, que nos identifican a todos los hijos de los profundos llanos del Orinoco, entre muchos otros ejemplos”.

 

Y es que en realidad la poesía, sobre todo la que se cultiva en los llanos de Colombia y Venezuela, durante siglos ha servido como vehículo para la trasmisión de esos valores que nos identifican como pueblo o región, pues, allí se exaltan características, fechas, sucesos, sitios y personajes que forman parte de la memoria de cada localidad. Igualmente, ahí se presenta un fenómeno digno de analizar con seriedad, lo cual según nuestra perspectiva coadyuvaría a fortalecer el inmenso acervo de valores sociales que subsisten en cada una de nuestras comunidades llaneras, las cuales conservadas como herencia ancestral, avivarían gran parte de esa diversidad que constituye nuestra esencia cultural, que consiste en la recolección, selección y clasificación de todo ese caudal de creaciones existentes en nuestros conglomerados, algunas veces producidas desde el “analfabetismo”, caso del cual sobran ejemplos, siendo uno de los más emblemáticos, el que protagonizó el conocido compositor Marcos Peña, nativo de Bruzual, estado Apure, quien logró estructurar más de un centenar de canciones, que han sido grabadas por connotados intérpretes del canto nacional, todas dignas de ser mostradas y compartidas con las generaciones sucesoras, como muestra de nuestra autenticidad.

 

Boconoíto, como pueblo laborioso de la ribera boconesa no escapa a esta realidad, pues orgullosamente podemos decir que contamos con una obra literaria digna de ser mostrada, amén de su sencillez. Nuestros poetas, narradores y/o creadores son insignia del gentilicio local, he ahí la palabra sirviendo de herramienta en la construcción de la memoria.

 

Luis Mendoza Silva

C.I: 8.069.531

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