Una opinión, Cinco temas

Bajando la santamaría

4 mayo, 2018 | 12:00 am

No es una metáfora. Venezuela está bajando la santamaría. Los comercios cierran, la educación se vacía, la industria se extingue, la agricultura también, los servicios no funcionan, Pdvsa se paraliza, los que pueden irse están emigrando, y otros que no podrían irse, porque carecen de recursos mínimos para ello, de todos modos se van. En suma, el conjunto del país está bajando la santamaría, ¡y en plena bonanza petrolera!

Esto no es un mero fenómeno socio-económico, o socio-político, o socio-cultural, para que los expertos analicen y publiquen gruesos informes con sus conclusiones. No. Esto es un crimen nacional. Es decir, un crimen en contra de una nación. Es decir un crimen continuado y agravado, perpetrado por la hegemonía roja en contra de la nación venezolana. A quien hay que bajarle la santamaría, por tanto, es a la hegemonía roja.

Orden y caos

Mucha gente piensa, equivocadamente, que el despotismo político-militar implica la existencia de un orden generalizado en la sociedad, en la que ese despotismo impera. No es así. De hecho, puede ser exactamente lo contrario. La situación de Venezuela lo expresa. Aquí impera un despotismo, pero al mismo tiempo el país se deshace en un caos que lo abarca todo.

En medio del caos, la población pierde la esperanza, y unos lo manifiestan emigrando, y otros lo manifiestan resignándose o entregándose, se podría decir que rindiéndose. Tengo la ilusión que ello sea una realidad que puede cambiar, y cambiar a fondo. No con más despotismo, desde luego, pero sí con el principio de un orden distinto. Un orden humano y digno.

Netflix en Venezuela

Está claro que el nuevo nombre de la televisión es Netflix. Pero más allá, es también el nuevo nombre de la industria fílmica. Sus series baten récords de audiencia y de alabanza por parte de los especialistas. Lo más prestigioso de la producción, dirección y actuación mundial pujan por encontrar espacios en Netflix. Y desde luego que los más prestigiosos guionistas no se quedan atrás. Pero todavía no hay una super-producción de Netflix sobre la tragedia venezolana. Temas hay en abundancia.

De hecho, nuestra tragedia es consecuencia de un conjunto de temas, cada uno más siniestro que el otro, y todos asociados al poder establecido. Hay guionistas venezolanos que se lucirían en Netflix, porque además de su talento y experiencia, conocen a fondo la tragedia venezolana. ¡Suerte!

Compra de votos

La única “fábrica” que funciona en los dominios de la hegemonía, es la fábrica de votos que está instalada en el CNE. Sin embargo, Maduro está aplicando el viejo refrán de que “lo que abunda no daña”, en materia de sufragios o supuestos sufragios, al ofrecer “premios” a los que voten por él. El descaro ya no tiene el disimulo a veces habilidoso de otros tiempos en el siglo XXI. Ahora es frontal. Esos “regalos” dinerarios, desde luego, no provienen del peculio de Maduro sino de los fondos nacionales, o de lo que queda de estos.

Aunque a decir verdad, muchos jerarcas de la hegemonía no hacen demasiadas diferencias entre sus patrimonios personales y el patrimonio público… Los políticos y comunicadores que están activamente promoviendo candidatos distintos a Maduro, con lo cual convalidan la farsa electoral, deberían pronunciarse al respecto. Seguramente lo harán, al menos algunos, alegando que se trata de una razón más para hacer lo que hacen.

Lo que le espera a Santos

No se debe criticar que Juan Manuel Santos haya querido diferenciarse de su mentor, Álvaro Uribe, y desarrollar una presidencia de acuerdo a sus propios pareceres. Pero eso es una cosa, y otra es haber utilizado todo el poder de la Casa de Nariño para tratar de destruir a Uribe. Y prácticamente desde el principio. Son, pues, dos cosas muy distintas. La primera, repito, no la critico; la segunda le va a ocasionar muchos apuros a Santos cuando deje de ser presidente.

Su notoria inconsistencia en el caso de Venezuela no es, sin duda, la única. Pero si es llamativa porque empezó declarándose el mejor nuevo amigo del predecesor de Maduro, cuyo canciller era, precisamente, Maduro; y ahora no para de ladrarle a la hegemonía roja, pero sin un mordisquito… ¿Santos imaginará lo que le espera? Seguramente sí. Y se estará preparando para ello, muy probablemente fuera de Colombia.

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