Opinión

Aulas vacías

16 marzo, 2018 | 12:00 am

En Memoria y Cuenta presentada el 15 de enero de 2017, el presidente Maduro señaló que para la fecha se contabilizaban 2 millones 829 mil 520 estudiantes universitarios. Nadie en el sector discute que en los años precedentes se produjo un significativo incremento en la matrícula, si bien expertos señalan que lo cuantitativo no fue aparejado con lo cualitativo. Lo cierto es que la Universidad Bolivariana, la de las Fuerzas Armadas, las territoriales y la Misión Sucre han significado una buena oportunidad para acceder a la educación superior a quienes otrora difícilmente hubieran podido llegar a ella. Lamentablemente hoy ya no es así: la crisis generalizada que azota al país ha llegado también a las universidades, por no hablar de todo el sistema educativo. Nuestras aulas comienzan a estar vacías.

Decenas de miles de estudiantes universitarios desertan y miles de profesores universitarios renuncian, mientras que muchos trabajadores también se van. No hay cifras exactas, pero el fenómeno, para usar un término de moda, “se viraliza” y el éxodo alarma, por lo que la masificación de la pérdida de talentos significa para el futuro de Venezuela.

Converso con rectores amigos, de universidades públicas y de gestión privada, y por igual comentan con preocupación lo que sucede. Oscilan entre 10 y 30% el porcentaje de los estudiantes que han desertado en los últimos meses con un equivalente de profesores, por lo que pudiéramos estar hablando de más de 800 mil venezolanos que han abandonado sus estudios universitarios, mientras que los profesores pasarían de 60 mil. Pocas horas atrás, en entrevista con Vanessa Davies, el rector Planchart de la Universidad Simón Bolívar advirtió del “éxodo de cerebros” y en especial de la marcha de los profesores. Hasta no hace nada, Ecuador se dio el lujo con el Programa Prometeo de reclutar a muchos de nuestros mejores docentes, contratándolos con salarios que rondan los 3 mil dólares americanos, hasta 5 mil para los que tienen doctorado.

Los estudiantes abandonan porque se van del país –todas las semanas firmamos centenares de certificaciones de notas- porque no creen que un título les servirá de mucho mañana, porque no hay transporte o no tienen efectivo; porque los comedores universitarios están cerrados y no hay dónde comer, con cafetines en los cuales una empanada y una malta diaria supera largamente el salario de un profesional. Porque cada vez más clases se suspenden, y la alternativa de educación online no es tal, ya que la improvisación sobra en esta modalidad. Los profesores se retiran, porque su salario no les alcanza ni para comer y los antiguos beneficios ya no existen, porque igual no tienen como movilizarse y el ser universitario ahora sí se convirtió en un apostolado que pocos pueden asumir cuando la familia pasa necesidades.

Es mucho y cada vez más complejo lo que en Venezuela debe hacerse para reconstruir la nación, pero si bien las urgencias sobran, el regreso de estudiantes y profesores a las aulas es de la mayor importancia. Parafraseando a Nelson Mandela: la educación será el arma más poderosa que se podrá usar para cambiar a Venezuela.