Opinión

América Latina afronta un trascendental año electoral

12 enero, 2018 | 12:00 am

Brasil, México y Colombia, entre otros, renovarán sus liderazgos a lo largo de 2018

 

 

Lorena Mastrogiacomo

Con información de El País

 

 

Venezuela acaba de terminar uno de los años más aciagos de su historia reciente. El régimen de Nicolás Maduro echó por tierra los últimos resortes que permitían la existencia de un contrapoder en la vida pública del país. Desmanteló el Parlamento elegido en diciembre de 2015, de mayoría opositora, y convocó la votación de una Asamblea Nacional Constituyente, una cámara sin representantes críticos con el chavismo que se ha convertido en un mero brazo ejecutor del Ejecutivo. La oposición rechazó participar en esos comicios, celebrados en julio, concurrió a las elecciones regionales —en las que denunció fraude— y se dividió ante las municipales del pasado otoño. Hubo cuatro meses de protestas callejeras ininterrumpidas que dejaron más de 120 muertos. La tendencia hiperinflacionista, la incompetente gestión de la política monetaria, la represión, la corrupción y el hundimiento de la petrolera estatal, PDVSA, coronan este dramático panorama.

 

El país debería celebrar presidenciales este año. Maduro ya manifestó su intención de optar a la reelección. No obstante, ha amenazado con hacerlo en unas condiciones que allanarían el camino a su perpetuación en el poder, a la eliminación de la oposición y a la consolidación del autoritarismo. El sucesor de Hugo Chávez pretende castigar a las formaciones mayoritarias de la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) por boicotear la elección de alcaldes. El mandatario aprovechó esta circunstancia para intimidar a los partidos de sus principales adversarios (Voluntad Popular, de Leopoldo López; Primero Justicia, de Henrique Capriles; y Acción Democrática, de Henri Ramos Allup) y advertirlos de que no podrán presentar candidatos. Días después, la Asamblea Constituyente dio el primer paso para la prohibición de esas formaciones, que de momento se traduce en obstáculos administrativos.

 

Si Maduro cumple su amenaza, no solo convertiría la celebración de las elecciones en una farsa, sino que dinamitaría de forma irreversible los últimos intentos de diálogo, que tras repetidos fracasos se celebran desde hace unos meses en República Dominicana. Además, contribuiría a incrementar la presión de la comunidad internacional, sobre todo de EEUU, de los países vecinos y de la Unión Europea. Las conversaciones con la oposición han estado acompañadas en 2017 de gestos que la MUD considera insuficientes, como las liberaciones de algunos presos políticos o la concesión del arresto domiciliario a Leopoldo López.

 

Sin embargo, la convocatoria de comicios presidenciales constituye la principal reivindicación desde hace años. Esa cita es vital para la reactivación de la Mesa, que atraviesa uno de sus peores momentos, marcado por tensiones internas y divisiones. La semana pasada la coalición admitió en un comunicado “graves errores y omisiones” y se comprometió a recuperar la unidad y a elegir un candidato único para las próximas elecciones, que todavía no tienen fecha.