Opinión

“Alternabilidad vs. Reelección”

7 septiembre, 2018 | 12:00 am

Las posiciones extremas en este campo pueden hacer mucho daño

Me ha interesado siempre el tema de la alternabilidad en el poder, confrontado con el efecto que, con ella se pretende impedir, que es el de la reelección que puede llegar a hacerse indefinida.

La Constitución venezolana, así como algunas otras latinoamericanas, consagran el principio de la alternabilidad. La nuestra, lo hace en su art. 6 del Título I, lugar de los “Principios Fundamentales”. Este título es una verdadera joya del conceptualismo constitucional, porque en los nueve artículos que lo integran, figuran todas las reglas esenciales para un Estado moderno. Así: el fundamento ideológico del texto; los derechos irrenunciables de la nación; los principios rectores del Estado y los fines del mismo, así como los medios para obtenerlos; el ejercicio de la soberanía y las reglas que rigen la forma del gobierno; la supremacía constitucional y los símbolos de la patria.

Determina el art. 6 que el gobierno de la República y de las entidades políticas que la componen es y será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables.

Es decir, que la forma del gobierno del ente mayor, así como el de las entidades políticas que lo integran (estados, municipios) implica que deben someterse al respeto de la democracia, a la aceptación de la colectividad, al carácter electivo de sus órganos; a la descentralización; a la condición de ente responsable y pluralista y a la posibilidad de la revocatoria mediante referéndum revocatorio del mandato de los funcionarios que desacaten los enunciados principios.

Es así como hemos destacado la alternabilidad como uno de los fines del gobierno lo cual implica que no es posible el ejercicio del poder en forma indeterminada en el tiempo.

Planteado el sentido de la alternabilidad, es necesario exponer un criterio valorativo sobre si este principio es o no conveniente a los fines del Estado.

Debemos señalar que, en muchos de los países en los cuales se ha consagrado la alternabilidad absoluta, los gobernantes han luchado denodadamente para obtener su modificación, mediante enmiendas y reformas constitucionales. La historia de las constituciones venezolanas nos da muchos ejemplos al respecto. Estimamos que, indudablemente, un gobernante que sea reelecto, adquiere mayor posibilidad de permanecer en el cargo, porque mientras más se ejerza el poder, más poder se posee, con lo cual, se es capaz de manejar los hilos de eso que se denomina “trampas electorales”, así como utilizar los métodos para forzar su permanencia en el cargo. El mayor peligro está en que la reelección indefinida conduce a la dictadura.

No puede olvidarse al efecto que, cuando se trata de este tipo de situaciones, los planteamientos y conclusiones rígidas y absolutas deben rechazarse. Es evidente que la no reelección es buena, pero no en sentido absoluto y, al mismo tiempo, lo mismo sucede con la alternabilidad.

La reelección es recomendable cuando se trata de un funcionario que ha demostrado ser apto para el desempeño del cargo y tutor de tesis de avanzada, esto es, de cambios del sistema, o bien, de programas que deben ser desarrollados por lo cual su reelección puede ser positiva para el Estado. En tales supuestos, para que se consoliden las mejoras aportadas, habría que darle al gobernante exitoso, la oportunidad de una reelección. El problema está en cuántos períodos deberían serle otorgados para afianzar su política.

La experiencia que nos da la historia reciente y algunas, incluso, menos recientes, nos dice que el número de reelecciones que se pueden permitir son solo dos oportunidades y no más, ya que, dos son suficientes y tres son excesivas.