Opinión

“Acción Democrática: 100 años”

14 septiembre, 2018 | 12:00 am

El 7 de diciembre de 1948, la Junta Militar que asumió el poder tras el derrocamiento del maestro Rómulo Gallegos, emitió un decreto por medio del cual disolvía a Acción Democrática, cerraban sus sedes y prohibían toda actividad suya en el territorio nacional.

Horas después, el liderazgo del partido hizo público un comunicado en el que señalaban que Acción Democrática era un sentimiento popular y que los sentimientos no sabían de decretos anunciando que en lo adelante se sumergían en la lucha clandestina que no cesaría hasta reimplantar un régimen de libertades plenas en Venezuela.

Comenzaba entonces a escribirse las páginas más hermosas de nuestra historia marcada por el sacrificio, la persecución, el exilio, la cárcel, tortura y muerte incluso de cientos de dirigentes y activistas entre los cuales sobresalen los secretarios generales Leonardo Ruiz Pineda y Alberto Carnevalli.

Son muchos los logros de Acción Democrática y relevantes sus aportes para la vida política, económica y social del país, el más importante seguramente el haberle dado a todos los venezolanos, primero en 1947 y después en 1958, el derecho a elegir libre, directa, secreta y universalmente al presidente de la República, legisladores, concejales y luego gobernadores y alcaldes. Pero todo lo que atesoramos ya es pasado.

Días atrás di “la cola” a tres dirigentes universitarios de Acción Democrática que atenderían compromisos del partido y del Frente Amplio en Tucupita.

Durante el largo viaje desde Caracas hablamos mucho, más bien oí mucho de ellos que crecieron bajo los gobiernos de Chávez y Maduro y no conocen gestión distinta.

Se sentían muy orgullosos de su militancia y de sus triunfos en la UCV pero con delicadeza se atrevieron a comentar que si bien les gustaba que en las muchas reuniones, asambleas, actividades que asistían siempre se hablaba del pasado de AD creían conveniente hacerlo también del mañana y este —afirmo yo— no puede ser solamente quítate Maduro pa’ ponernos nosotros.

Los fundadores demostraron que comprendían el contexto del momento, formularon un programa que enarbolaron como herramienta para la transformación de Venezuela, construyeron un aparato organizativo que terminó siendo envidiable, con una fuerte y definida orientación ideológica y la pauta de incorporar la mayor cantidad posible de militantes y simpatizantes, generando esperanzas —“Somos un Partido con vocación de Poder, somos un Partido para hacer historia”, proclamó Rómulo Betancourt—.

No tenían mayor pasado que exhibir, si bien podían mencionar las experiencias de ARDI, ORVE, PDN no era ese el leitmotiv de su discurso, pero si fueron capaces de dibujar un futuro y entusiasmar con él.