Quinto Día Online
24 de Septiembre del 2017

Cambio Climático

Academia de Ciencias de Venezuela cumple 100 años

Academia de Ciencias de Venezuela cumple 100 años

Esta institución ha sorteado los avatares políticos y económicos de la dictadura que hubo en su génesis y de la que un siglo después le impone restricciones

 

 

Alba Marina Gutiérrez

Cofundadora de PeriodismoCC

@AlbamarinaVzla

 

 

La ceremonia de este centenario inició con un minuto de silencio en honor a los caídos en la lucha por la democracia.

 

A tono con las circunstancias actuales, el acto no se pudo realizar en la fecha prevista y el protocolo no realizó el acostumbrado brindis; en su lugar abundaron los abrazos y manifestaciones de fortaleza.

 

Los discursos reflejaron el compromiso de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (Acfiman); recuperar lo civil y la civilidad; la institucionalidad y las instituciones.

 

Un recorrido histórico por un siglo de labores científicas develó los avatares políticos y económicos del país que los académicos han tenido que vencer para hacer ciencia, conocimiento e innovar.

 

El 17 de junio de 1917 -cuando nació la Acfiman- Venezuela estaba sometida a la dictadura de Gómez. Entre otros sucesos del siglo XX: el reventón del primer pozo petrolero de Venezuela (Zumaque I, Mene Grande, estado Zulia, 1914). El país agricultor emprendía su viaje hacia la sociedad urbana. En el exterior, se libraba la Primera Guerra Mundial (1914-1918); la epidemia de influenza o gripe española hacía su aparición global y llegaba a nuestras fronteras.

 

“Entre esos hechos se dio vida a esta Academia, con la atribución de esforzarse porque las ciencias alcancen en el país el mayor desarrollo y adelanto”, contó Gioconda San Blas, presidenta de la Acfiman.

 

San Blas afirma que cien años después, “ajustados a los cánones propios de la ciencia, hemos hecho aportes para elevar la investigación y enseñanza de la ciencia”.

 

Por ejemplo, en materia ambiental, desde los años 60 se incorporó en tareas para la conservación de acuíferos y propuso comisión de expertos para impedir la destrucción de la fauna y flora de la Gran Sabana, “una preocupación que ha crecido en el tiempo, dadas las lamentables condiciones en materia ambiental que prevalecen en la región”.

 

Con la llegada del cambio climático, se crea la comisión que investiga, realiza congresos y genera “publicaciones que aportan nuevas luces en el tratamiento de los problemas ambientales que nos azotan como nación”.

 

AN acuerda Día Nacional de la Ciencia

El Parlamento venezolano fue representado en esta ceremonia por la diputada Amelia Belisario, presidente de la Comisión Permanente de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Asamblea Nacional.

 

Visiblemente conmovida, admirando las instalaciones del Palacio de las Academias, dijo: “Esta es la Venezuela que teníamos y la que tenemos que recuperar. Ustedes, la Academia, nos llenan de orgullo y beneplácito; son ejemplo para las presentes y futuras generaciones”.

 

Belisario, quien es abogada y tiene en su haber varias maestrías, declaró a Quinto Día que “lo más importante para resaltar en este centenario, en relación a la crisis que atraviesa nuestro país, es la urgente necesidad del respeto a las instituciones. Reconocemos no sólo su labor científica sino su carácter humanista y civil, de apoyo y respeto a la democracia. La Academia se ha conectado con los ciudadanos, eso lo vemos con los programas que ha desarrollado”.

 

La parlamentaria leyó el documento aprobado en el seno de la comisión que preside.

 

Dicho texto, entre otros puntos, acuerda: Celebrar todos los 19 de junio como el “Día Nacional de la Ciencia, Tecnología e Innovación” y considerar el año 2017 “Año de la Ciencia, Tecnología e Innovación en Venezuela”.

 

Para tales fines, “exhortará al Ejecutivo nacional a que decrete el día y año señalados, conforme lo establecido en este acuerdo”.

 

Alienta para que “todas las autoridades del territorio nacional” den cumplimiento de lo contenido en el artículo 110 de la CRBV, grosso modo que el Estado venezolano reconozca el interés público de la ciencia, su aplicación e instrumentación para el desarrollo económico, social y político del país, destine recursos y cree el sistema nacional de ciencia y tecnología.

 

Discurso de orden

Correspondió al Individuo de Número, Claudio Bifano. Sus ideas y reflexiones reafirmaron el compromiso de los presentes para seguir haciendo ciencia y apoyar su divulgación.

 

“Las academias han sido siempre el símbolo de la cultura y del espíritu de las sociedades, y cada símbolo vale por lo que representa”.

 

En 1917 “los fines de nuestra Academia no podían ser diferentes. Nació en tiempos en que se le daba poca importancia a la cultura y mucho menos a la ciencia. Las dos únicas universidades nacionales, la UCV y la ULA, estuvieron cerradas entre 1912-1922, por mandato de la dictadura de un gendarme que algunos consideran necesario. No obstante, en el país aparentemente oprimido, sobrevivía una élite ilustrada que se preguntaba: ¿Cómo se construye un Estado? ¿Qué define una nación? Eran preguntas que tenían base en la filosofía positivista del orden y progreso. En aquel momento, dada la situación política de Venezuela sólo podían responderse a través de la edificación de estructuras materiales, siempre en el marco de un orden (equivalente a la paz que actualmente pide el gobierno), que garantizaba la dictadura”.

 

Los fundadores de la Academia “fueron personajes de mucha relevancia, cuyos conocimientos iluminaban el panorama nacional”.

 

Ingenieros cuyos saberes, traídos del exterior, apalancaron la vanguardia técnica en la construcción de carreteras, ferrocarriles, acueductos y nuevas edificaciones. Médicos que prestaban sus servicios en un país enfermo, postrado y atrasado. Naturalistas con aportes relevantes al conocimiento de la flora, la fauna, la geografía y la agricultura. Matemáticos para estudios meteorológicos y “un químico que aplicaba sus conocimientos con fines prácticos”.

 

Pero una observación que podría hacérsele a la Academia “es haber permanecido encerrada”, el ostracismo por años, “entre las paredes del claustro, y al encerrarse en sí misma, con el tiempo fue perdiendo algo de su visibilidad y prestigio en momentos en que hubo que tomar decisiones importantes para el país”.

 

Consciente de su corresponsabilidad, la Academia asumió la discusión y adecuó su misión a los cambios que demandaba el país, para contribuir en la creación de conocimiento, “en función del bienestar social y el desarrollo sustentable, estimular la formación de recursos humanos para la ciencia y la tecnología y promover las mejores prácticas de enseñanza de las ciencias”.