Cartas del Lector

26 enero, 2018 | 12:00 am

El diálogo que no ha debido ser

 

Como se sabe, un diálogo es aquel que se plantea cuando dos personas, grupos de personas, organizaciones empresariales, instituciones o gobiernos, tienen diferencias importantes, difíciles y complejas, que ameritan reunirse para ponerse de acuerdo y resolverlas. El diálogo entre el régimen dictatorial venezolano y la oposición ha realizado múltiples reuniones, sin lograrse resultados definitivos para concluirlo.

 

Los puntos centrales por la oposición, en este diálogo son los de a) lograr garantías electorales para los comicios presidenciales previstos para 2018, b) la apertura de un canal humanitario que permita el envío de medicinas y alimentos para el pueblo, c) la liberación de los encarcelados que se consideran “presos políticos” y d) la restitución de los poderes constitucionales de los que fue despojado el Parlamento electo en 2015.

 

En tanto, el oficialismo exige: a) el levantamiento de las sanciones económicas que pesan sobre algunos de sus funcionarios y b) el reconocimiento de la Asamblea Constituyente, un órgano plenipotenciario integrado solo por oficialistas y no reconocido por la inmensa mayoría de los gobiernos democráticos.

 

Las exigencias de la oposición son fáciles de cumplir por el gobierno, puesto que solo necesitan respetar lo establecido en la Constitución y dejar que el país disfrute de la democracia que ordenó el pueblo en las últimas elecciones presidenciales.

 

A diferencia de la oposición, las solicitudes del gobierno se basan en eliminar las sanciones internacionales a miembros del gobierno que han incurrido en: dolo, corrupción, tráfico de narcóticos, fraudes bancarios y demás crímenes financieros contra la República de Venezuela y otras naciones; sanciones estas donde la oposición tiene poca influencia y poder, como para eliminarlas. En el caso de que pueda hacerlo, sería una falta de moralidad y dignidad lo que haga, dadas las graves acusaciones existentes contra tales funcionarios.

 

La otra solicitud del gobierno es aún más torpe y dramática, puesto que se trata de solicitarle al pueblo de Venezuela que permita el funcionamiento de una Asamblea Nacional Constituyente, nacida írrita e ilegal, ya que la convocó el Presidente de la República, principal violador de la Constitución y leyes de Venezuela. No tiene sentido el funcionamiento paralelo de una Asamblea Nacional legítima y democrática, funcionando al lado una Asamblea Nacional Constituyente totalitaria, a través de la cual se quiere instaurar una dictadura socialista. Eso es el colmo de la desfachatez.

 

Cuando un diálogo termina amistosamente y ambos participantes ceden en sus posiciones, este es calificado como ganar–ganar. Cuando una de las dos partes se impone sobre la otra, se califica como ganar–perder. Lo ideal para este diálogo es que el gobierno asuma seriamente su rol de villano y usurpador de poderes, y acceda sin exigencias a lo que plantea la oposición. Con esta actitud moral, quizás pudiera ganar alguna que otra indulgencia de las instancias internacionales, del pueblo y de las autoridades del próximo gobierno democrático.

 

Este no es precisamente un diálogo para que el régimen se salga con las suyas. Lo cual nos demuestra que un diálogo entre pares tan diferentes (democracia/dictadura) no es posible y toda negociación que se haga entre estos, terminará siendo ganar–perder. En política, los diálogos ganar–ganar solo se dan entre pares similares (democracia/democracia), que comparten las mismas reglas de juego.

 

A la pregunta obligada de qué hacemos entonces, las respuestas son las mismas de siempre: seguir insistiendo en continuar con nuestras protestas, solicitudes y exigencias democráticas en las calles, sin diálogo, hasta que el gobierno recapacite y se dé cuenta de que tiene todas las de perder. Hasta el pueblo chavista, que los eligió, está protestando en las calles. Toda Venezuela protesta y exige hoy dia. Llegará el momento en que esta protesta se haga global y nacional, y tenga efectos reales en los líderes del régimen, y este termine de entender que esta no es una lucha caprichosa ni estéril, donde ellos tiene todas las probabilidades de perder, aun poseyendo el poder de las armas, porque la verdad, la razón y el derecho, lo tiene el pueblo. El gobierno muere más rápido de lo que percibimos. Ya no tiene mensajes dignos que dar, ni comida que regalar para comprar a la muchedumbre que se muere de hambre, sed, frustración y tristeza. Venezuela ya no se vende. Reclama y exige su democracia.

 

Guillermo A. Zurga

gzurga74@gmail.com

 

 

 

 

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