Quinto Día Online

El último y nos vamos

10 y te vas (V)

10 y te vas (V)

Salvador Fleján

@salvadorflejan

 

 

Esta semana continuamos con la serie “10 y te vas”; un ejercicio antológico de recopilar los diez sitios donde comerías por última vez si te encontraras en el trance de abandonar la patria y quisieras llevarte un souvenir gustativo de Caracas.

 

 

Podría sonar a despropósito que en esta crónica yo me atreva a sugerir la comida árabe como último bocado antes de partir de estas tierras. Tanto como si me atreviera a proponer algún restaurante chino o francés; cocinas ampliamente difundidas alrededor del mundo. Pero válgame Dios que no es así. Lo que se conoce como “comida árabe” es un concepto mucho más amplio de lo que la gente suele cree. Y es que lo que se entiende como “mundo árabe” va más allá del estereotipo que conocemos. Así, existen suficientes sutilezas y diferencias entre los platillos de esas regiones que uno puede comprender el porqué de tantos siglos de conflictos entre aquellos países del Medio Oriente. Pero no nos metamos en honduras y vayamos directamente al grano. Mi primera memoria de un restaurante árabe en Caracas tuvo mucho de set cinematográfico y poco de recuerdo gustativo. Ocurrió un jueves en la noche en que mi papá nos llevó a comer a “El Rincón del Medio Oriente”, un desaparecido restaurante libanés de cuya dirección ya ni me acuerdo. Lo que sí recuerdo perfectamente era su decoración: parecía la carpa de un beduino del Hollywood de los 40. Cimitarras y bellas dagas adornaban las paredes como queriendo darle un toque aventurero y peligroso a la velada. En el sitio no había mesas y en su lugar se desparramaban cojines y mullidos almohadones sobre los que se acomodaban los comensales para comer directamente de las fuentes  con las manos, como es la usanza por esos lejanos parajes. Recuerdo que el toque final de aquel yantar fue la aparición de una “odalisca”, medio gordita y en bikini de lentejuelas y apliques, que hizo de las delicias de los varones presentes en la carpa, quienes le atornillaban billetes marrones de 100 bolívares en cualquier parte del apretado atuendo. Hoy en día, la odalisca sólo aceptaría de 50. En los años 80 hubo varios buenos restaurantes de comida árabe-sirio-libanesa. No los recuerdo a todos, pero sí que buena parte de ellos se encontraba ubicados en el eje Sabana Grande-Plaza Venezuela. La mayoría eran mediocres, deshonestos en sus propuestas y de propietarios portugueses. Sólo uno de esa zona se salvaba por la calidad de su cocina, los ingredientes nobles que utilizaban y la calidad del servicio. De nombre poético, el restaurante “Soledad” estaba ubicado en una esquina de la avenida Casanova y parecía que habían heredado el local de una arruinada tasca española. El Soledad cerraría sus puertas hace ya unos años y daría paso a una raquítica sede en la feria de comida del Tolón Fashion Mall, decretando la muerte de aquella inolvidable tradición de la avenida Casanova. Paralelo a esos años, surgieron dos clásicos de la comida árabe en Caracas que aún hoy en día subsisten. El primero es el Damasco, que con un menú-rutina de  ensalada Shanclish, kibbe horneado y crudo, arroz con pollo y almendras y las salsas árabes  se ha ganado un merecido puesto entre los mejores restaurantes de la capital. El Damasco es un sitio pequeño y con pocas mesas, por lo que se hace indispensable reservar para poder degustar de sus especiados condumios. El otro es (o fue) El Fenicia, que primero estuvo ubicado en lo que hoy actualmente es la Plaza Los Palos Grandes y luego mudado, hace ya un tiempo, a la 4ta. Avenida de Los Palos Grandes, muy cerca de su antigua sede. El Fenicia no es nada solidario con los precios pero bien vale la pena dejar allí los últimos vestigios que tengamos de nuestro signo monetario antes de partir. ¿Qué pedir? Yo me decantaría por el plato “11 sabores”, el cordero horneado, el pollo al ajonjolí, el airan de fresa y casi toda la carta. ¿Qué no pedir? Yo no pediría la cuenta…